viernes, 28 de septiembre de 2012

Micromartirios


Hoy me he dado cuenta de que el amor de Dios no está en mi. No he llegado a esa conclusión a través de un razonamiento muy elevado o una meditación profunda, ni leyendo un libro de auto-ayuda. No, simplemente hay que prestar atención a la realidad de los hechos, que suelen ser muy tozudos. Anoche a mi hija pequeña le costó bastante quedarse dormida, por lo que yo no me pude acostar cuando "me apetecía". Y esta mañana tanto mi mujer como mi hija mediana se han puesto enfermas, de modo que no he podido dormir todo lo que "me apetecía". Ante esto, mi reacción ha sido de disgusto. ¡Si hasta tenía pensado ir a Misa antes de trabajar! Pero, ¿cómo iba a presentarme ante el Señor cuando tenía que estar dándome a los que están más cerca de mi? Aquí está el punto, en el darse. Ante situaciones como la de hoy tengo dos posturas posibles: decir hágase o si no hay más remedio... Y la diferencia es abismal. ¿Os imagináis a la Virgen María, en el momento del anuncio, diciéndole al ángel: "bueno, qué se le va a hacer, tendré que decir que sí"? Podríamos decir que con el hágase nos entregamos voluntariamente (por tanto, el amor de Dios está en nosotros) y con el si no hay más remedio hacemos trabajos forzados, vemos la situación como algo malo, un castigo, un robo de nuestra vida, un secuestro de nuestra voluntad. 

Estoy seguro de que, al igual que a mi, os sucede a vosotros. Demasiado a menudo entramos en las situaciones que el Señor nos presenta para darnos a los demás refunfuñando, contrariados, y porque no tenemos otra opción; si la tuviéramos, no entraríamos en esa pequeña muerte. Porque en el fondo es eso, morir a nosotros mismos en favor de los demás. Por eso he titulado el post Micromartirios. Porque son momentos en los que Dios nos da la oportunidad de ser sus testigos con nuestra vida, de dejarnos matar un poco para gloria suya. Pero para que sea un verdadero testimonio es necesario el no se haga mi voluntad, sino la tuya de Cristo en Getsemaní y no resistirnos, renegando de nuestra historia. Decía la beata Teresa de Calcuta que "Para que el amor sea verdadero, nos debe costar. Nos debe doler. Nos debe vaciar de nosotros mismos." Y para poder hacer esto necesitamos rezar, rezar, rezar y seguir rezando. Y acudir a Misa siempre que podamos, porque nadie da de lo que no tiene.

Precisamente hoy, la Iglesia celebra la memoria de varios mártires: san Wenceslao y san Lorenzo Ruiz y compañeros. Alguna vez he oído que un martirio no se improvisa. Si una persona no ha llevado una vida de fe, es muy difícil que, si le llega el momento de entregar literalmente su vida por Dios, pueda aceptar el martirio. Por eso son tan importantes las pruebas que el Señor nos pone cada día, porque nos dan la oportunidad de entregarnos a Él y a los demás poco a poco, gota a gota. Es cierto que es Dios el que, en el momento definitivo, da la fuerza para soportar el martirio, pero si toda nuestra vida ha sido un renegar de su voluntad, un hacer las cosas porque no hay más remedio, ¿qué vamos a hacer si alguien quiere matarnos por nuestra fe? Lo más seguro es que reneguemos de ella, como hemos hecho toda la vida.

Para acabar, os voy a pegar un fragmento de la homilía que pronunció el beato Juan Pablo II en la misa de beatificación de Lorenzo Ruiz y compañeros mártires:

"De esta manera imitaron a Cristo, sacerdote y víctima, en el modo más perfecto posible para una criatura humana (cf. S. Th.II-IIae, q. 124, a. 3). Era, al mismo tiempo, un acto del mayor amor posible hacia los hermanos, por amor de los cuales todos nosotros estamos llamados a sacrificarnos a nosotros mismos, siguiendo el ejemplo del Hijo de Dios, quien se sacrificó a Sí mismo por nosotros... La vida de todos y toda la vida de uno deben estar a disposición de Cristo. Cristianismo significa donación diaria, como respuesta al don de Cristo, quien vino al mundo para que todos tengan vida y la tengan abundante (cf. Jn 10, 10). O, como tan acertadamente expresa el tema de mi visita a este país: Morir por la fe es un don para alguno; vivir la fe es una llamada para todos."

4 comentarios:

  1. Acerca de Cristo en Getsemaní y la disputa monotelita recomiendo acercarse a la enseñanza dada por Máximo el Confesor, que tanto sufrimiento le costó al santo. Como es un tema que da para muchas páginas, he aquí un enlace donde B-XVI ofrece una catequesis breve sobre el tema: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2008/documents/hf_ben-xvi_aud_20080625_sp.html

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  2. Para que no haya errores de interpretación a lo que enseña san Máximo y transmite el Papa, hay que remarcar y que recalcar que la impecabilidad de Cristo no consiste en que como hombre y pudiendo pecar logró sobreponerse a la tentación y no caer. Él, Dios y hombre, no podía pecar ni estaba inclinado a ello. De hecho, la libertad celeste de los santos 'consiste' (perdón por el límite humano de nuestras palabras) en no poder pecar. La opción por el mal no es propia de Dios ni de los que gozan de la visio Dei, realidad ésta de la que aquí no nos podemos hacer idea.

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  3. Gracias por comentar Álvaro, y por la aportación de la catequesis del Papa. Realmente interesante. Es una asignatura que tengo pendiente, la de seguir cada semana este Magisterio.

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    1. Sí, a veces a uno no le da la vida para leerlas, pero hay que tener una rutina. Me pasa lo mismo que a ti.

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