martes, 25 de septiembre de 2012

Nacionalismo espiritual

El nacionalismo, al menos tal y como lo sufrimos, padecemos, tenemos en España, es, en mi humilde opinión, una lacra para una sociedad moderna. Bruno Moreno explica muy bien en Infocatólica porqué un católico no puede ser nacionalista, en principio, catalán. Os invito a leerlo. Yo quiero centrarme en algunos de los aspectos negativos del nacionalismo y en su paralelismo espiritual.

Los nacionalistas pretenden ser los libertadores, los que salvarán esa nación que existe en sus mentes del opresor exterior, ese horrendo Estado centralista y centralizado. Para que esto sea creíble tienen que fomentar, cuanto más mejor, un espíritu victimista de agredidos, robados, esquilmados, vilipendiados y, sobre todo, oprimidos y reprimidos. Todo esto requiere, claro está, una pretendida superioridad moral de los nacionalistas y una identificación entre ellos y su territorio. Si les atacas a ellos, lo estás haciendo a su "nación". Con esta teórica superioridad y con el victimismo que tanto exprimen, se dedican, mes tras mes, año tras año, a sacar todo el provecho que puedan de ese Estado que les oprime, y, cuando vienen las vacas flacas, se permiten el lujo, como ha hecho el Sr. Mas, de solicitar ayuda (un rescate en toda regla) pero, eso sí, sin condiciones. Porque sí. Y claro, si el Gobierno se niega, eso demuestra "una vez más" cómo oprime y margina a esa región. El fin último de todo esto, a parte de sacar toda la tajada posible, sería la independencia, convertirse en un Estado autónomo e independiente del que forman parte. 

Pues bien, demasiado a menudo, en nuestra vida espiritual, nos comportamos como nacionalistas radicales. Estoy seguro de que ya habéis comprendido por dónde van los tiros. ¿Cuántas veces hemos pensado que nuestra vida (nuestra "nación") es nuestra y sólo nuestra y que el Señor nos pide demasiado? O los demás nos piden demasiado. ¿Cuántas veces hemos oído (o dicho) aquello de que "tampoco es para tanto"? Dios se convierte en ese "Gobierno central" que quiere controlarnos, quitarnos "lo nuestro", meterse en nuestras vidas. "¡¿Quién se creen los curas para decirme lo que tengo que hacer o cómo vivir?! Hasta ahí podíamos llegar". El sentimiento de superioridad aparece cuando vemos cómo van algunos a Misa y nosotros vamos como un pincel ("vaya pintas lleva ese"), o tal vez cuando nos arrodillamos en la Consagración y el de al lado no lo hace ("qué falta de respeto al Señor, no como yo..."), o si el cura se alarga en la homilía o es corta, o canta o deja de cantar, etc. En definitiva, nos ponemos como medida de todo: nosotros sabemos lo que hay que hacer, cómo y cuándo. Respecto al victimismo, ¿no se te ha pasado por la cabeza que algo malo que te acaba de suceder no debería pasarte, porque vas siempre a Misa y rezas mucho? Y si perteneces a algún movimiento que te suponga más gasto de tiempo, ya no te digo. "Señor, encima de que voy a Misa siempre, a tal celebración, rezo todos los días, ayudo en la parroquia, ¡hasta tengo un blog! ¿No deberías cuidarme un poco más?" Y aquí viene lo del rescate. Pedimos al Señor ayuda, consuelo, fortaleza, lo que sea, pero no estamos dispuestos a cambiar. Nos manejamos muy bien (eso creemos) en el equilibrio Dios-Mundo. Queremos que nos asista, pero sin tratar de modificar las cosas. Sólo un poco de maquillaje, para ir tirando. Pero claro, con todo esto, el final, salvo que Él lo remedie, es la petición de independencia. Si tratamos al Señor como a una secretaria, si sólo le pedimos lo que nos interesa y cuando nos interesa sin tratar de cambiar nuestro corazón, si pensamos que viene para quitarnos lo nuestro o para hacernos sufrir, si cogemos de la fe y de la Iglesia sólo lo que nos interesa, tarde o temprano acabaremos buscando otra cosa, porque lo que tenemos no es fe ni a Dios, habremos hecho de la fe y de la Iglesia unos "objetos litúrgicos" para usar en la adoración al único dios, al ídolo: al YO. Lo mismo que el nacionalismo con su nación. Un ídolo al que sacrificio lo que sea (dinero, tiempo) siempre que me interese y me reporte algún beneficio.

Dios no es el Gobierno central. No negocia. Él nos quiere enteros para Él. No nos pide tiempo, ni dinero, ni nada parecido. Nos pide la vida. Así de simple. Y para que podamos darnos a Él nos regala su Gracia, porque sabe que sin su ayuda nada podemos. Dejémonos amar por Él y no temamos. El Señor no nos oprime ni nos reprime sino que purifica todo, porque "sólo los limpios de corazón verán a Dios".

4 comentarios:

  1. Leed también la respuesta que da Joan Figuerola a Bruno en su propio blog. Ambos se responden desde su artículos sobre el tema, y también en la cadena de comentarios de Opus Prima, el blog de Joan Figuerola. Cadena esta cuya lectura es interesante también.
    El enlace: http://opusprima.com/2012/09/25/infocatolica-un-catolico-puede-ser-independentista-pero-no-independentista-catalan/

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  2. Yo soy totalmente como Cataluña.. Solo pido, pido, pido... Y asi podría seguir varias lineas... Y se me olvida dar ni los buenos dias, ni un "gracias Señor por permitirme vivir un día más"... Lo dicho, totalmente egoista, digo nacionalista, que me lio..
    Sigue así brother, me gustan tus reflexiones, un beso!

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  3. Muy buen artículo.

    Y gracias por el enlace.

    Saludos.

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    Respuestas
    1. Gracias a ti por comentar, Bruno. Viniendo de ti, es un honor, te lo aseguro. Tengo mucho que aprender de ti, de Luis Fernando, Elentir y tantos otros.

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