miércoles, 10 de octubre de 2012

Conoce lo que crees

"Estudiad el catecismo con pasión y perseverancia. Sacrificad vuestro tiempo para ello. Estudiadlo en el silencio de vuestra habitación, leedlo de dos en dos; si sois amigos, formad grupos y redes de estudio, intercambiad ideas por Internet. En cualquier caso, permaneced en diálogo sobre vuestra fe.
Debéis conocer lo que creéis; debéis conocer vuestra fe con la misma precisión con la que un especialista de informática conoce el sistema operativo de un ordenador; debéis conocerla como un músico conoce su pieza; sí, debéis estar mucho más profundamente arraigados en la fe que la generación de vuestros padres, para poder resistir con fuerza y decisión a los desafíos y las tentaciones de este tiempo. Necesitáis la ayuda divina, si no queréis que vuestra fe se seque como una gota de rocío al sol, si no queréis sucumbir a las tentaciones del consumismo, si no queréis que vuestro amor se ahogue en la pornografía, si no queréis traicionar a los débiles y a las víctimas de abusos y violencia."
Estas palabras, como os habéis imaginado, no son mías. Son de nuestro querido Papa Benedicto XVI y pertenecen a su prólogo al Youcat. Creo que son meridianamente claras.

Si alguien nos preguntara si amamos al Papa, si estamos de acuerdo con él, si le hacemos caso, etc., seguro que ninguno dudaría en responder con un rotundo sí. Hasta aquí bien. Ahora volved a leer el párrafo que he puesto al comienzo y repensad la respuesta. ¿Cuántos de nosotros hemos leído el Catecismo? ¿Y algún documento del Concilio Vaticano II? ¿Tal vez alguna encíclica o alguna catequesis de las audiencias de los miércoles? ¿Acaso alguno cuenta con la Biblia entre los libros leídos de principio a fin? Yo sólo me salvo en el caso de las encíclicas, que alguna he leído. Al resto de preguntas debo responder negativamente. Para mi vergüenza lo digo. ¿Y decimos que obedecemos al Papa? ¿Cómo es posible que conozcamos argumentos y personajes de series y películas, alineaciones de nuestros equipos preferidos, programas y horarios de la televisión, vida y obras de famosos y famosillos y no conozcamos lo que la Iglesia nos enseña? Peor aún. Es que a menudo ni nos interesa. ¿Qué pensaría tu novia o novio, esposa o esposo, tu mejor amigo, si le dijeras que te importa un pepino lo que tenga que decirte? ¿O qué pensarías tú si te hicieran eso a ti? Pues eso es exáctamente lo que hacemos con nuestra Madre la Iglesia: ignorarla. Nos conformamos con lo que nos digan en Misa y, tal vez, si pertenecemos a algún grupo, con lo que podamos profundizar más allá de la homilía dominical. Y ya está, expediente cubierto. "¿Cómo me voy a complicar ahora en leer un documento de la Iglesia?". Pondremos mil excusas: no son para mi, no los entiendo, son un rollo, son para teólogos y curas, etc. ¡Pues no! Son para todo católico. Cada uno lo entenderá dentro de su capacidad, lógicamente, pero hay que hacerlo. Repito una frase del texto inicial: Necesitáis la ayuda divina, si no queréis que vuestra fe se seque como una gota de rocío al sol, si no queréis sucumbir a las tentaciones del consumismo, si no queréis que vuestro amor se ahogue en la pornografía, si no queréis traicionar a los débiles y a las víctimas de abusos y violencia. 

Nos estamos jugando la fe. En la época de nuestros padres, el entorno social era más o menos católico, y por tanto, tal vez podría valer con dejarse llevar. Hoy no. Hoy dejarse llevar significa abandonar la fe y volcarse en el hedonismo, el consumismo, el egoísmo. En definitiva, instalarse en el pecado. Por eso necesitamos no sólo creer, si no saber lo que creemos. Saber lo que dice la Iglesia sobre temas como el aborto, la sexualidad, la ecología, el trabajo, la economía, la política, el resto de religiones, la Salvación, el sacerdocio femenino, los divorciados vueltos a casar, la familia, la juventud, las desigualdades sociales y un largo etc. Cuando aquellos que tenemos más cercanos quieran saber lo que piensa la Iglesia de estas cosas o por qué dice lo que dice, no van a ir a preguntar a un cura. Te van a preguntar a ti. ¿Qué les vas a contestar? 


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4 comentarios:

  1. Sigo preguntándome, que nos depararía tu blog, si tuvieras algo que decir. Porque para alguien que me aseguró que no tenía nada que aportar , menuda munición nos ofreces...
    Tienes unas entradas fantásticas y me parece que que tu semilla evangelizadora fructificará en este año que se nos invita a testimoniar nuestra fe.
    Un abrazo

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    Respuestas
    1. Gracias Angelo, pero creo que me sobreestimas. O puede ser que yo sea demasiado perfeccionista. Ojalá, como dices, esto que el Señor me ayuda a escribir sirva para acercarnos más a Él. Y que me ayude a seguir aprendiendo de vosotros.
      Y por supuesto no dejes de rezar para que tenga perseverancia y humildad a la hora de escribir, porque, al fin y al cabo, tú tienes mucha culpa de la existencia de este blog ;-)
      Un abrazo.

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  2. Yo soy de la época de tus padres, pero nunca me dejé llevar y fui aprendiendo de nuestra FE, A MEDIDA QUE IBA CRECIENDO EN EDAD Y ESTUDIOS. El Catecismo de mis tiempos me lo sé aún de pe a pa y el nuevo Catecismo aún lo estoy leyendo, la Biblia lo que se dice entera no, pero casi, Homilias y del Concilio también he leído y meditado bastante; claro que ya tengo muchos años, pero no lo considero terminado y sigo instruténdome en lo que puedo.
    Y creo que sí, amo y rezo por el Papa, sea el que sea desde antes de ser elegido. ¿Puedo amar más? pues claro que sí.

    Tu post es fantástico y espero que a todos nos estimule a profundizar cada día más en nuestra Fe Católica-
    Gracias y adelante

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    1. Me alegra leerte. Esa debería ser la actitud de todo cristiano: desear conocer nuestra fe, poner en práctica ese deseo y saber que es un trabajo de toda la vida. De hecho, sólo tendremos la plenitud de ese conocimiento cuando estemos cara a cara con Dios.

      Gracias de nuevo por comentar.

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