martes, 2 de octubre de 2012

Iglesias dignas de la belleza de Cristo

Una iglesia tiene que ser un trozo de Cielo. Si la liturgia de la Misa es una anticipación del Cielo, una celebración donde se unen la iglesia triunfante, la militante y la purgante, lo que ahí vivimos no puede ser otra cosa que un anticipo de la Vida Eterna.

Dicho esto, en mi opinión, la iglesia tiene dos funciones, una exterior y otra interior. La exterior es que se vea que es eso, una iglesia, un templo donde encontrarnos con Dios y donde se hace pan para nosotros, incluso un recordatorio al ir por la calle de que Él esta siempre esperándonos. La interior sería el que se pueda celebrar dignamente el Sacrificio de la Misa y, diría más, el que el simple hecho de entrar nos hiciera querer rezar, nos transportase a la presencia del Señor.

Pues bien, ¿cuántas iglesias de los últimos 40 ó 50 años conocéis que cumplan estas funciones? Probablemente alguna, pero, la mayoría de las que yo he visto repartidas por España incumplen la primera función y dificultan la segunda. Fijaos si no en un detalle: la mayoría de esos templos tienen puesto bien grande en la entrada el nombre -Iglesia de tal-, pero de las de antes, prácticamente ninguna. Creo conocer el porqué. Si a las que tienen el nombre se les quitase, si no fuese por alguna cruz o pseudo campanario que tengan a la vista, no serían identificables. Podrían pasar perfectamente por un pabellón deportivo o un auditorio cualquiera. ¿Dónde está la belleza? ¿Para gloria de quién están edificadas? ¿De Dios o del arquitecto que las diseñó?

Leí en algún sitio que las iglesias se construyen en función de la liturgia que en ellas se celebra. Entonces es lógico que, con los abusos litúrgicos que se han dado después del Concilio Vaticano II se hayan construido esas iglesias-pabellones. Tal vez también tenga relación con la alergia que muchos sacerdotes de la misma época tenían o tienen a vestir como tales por la calle (ídem para los religiosos y religiosas). Lo explica mejor el padre Fortea en su blog: "Así estaban las cosas, cuando, de pronto, en la segunda mitad del siglo XX, a los arquitectos les dio por ser geniales. Y es que les dio por hacer experimentos. Querían ser modernos y el resultado fue una hecatombe arquitectónica. Lo que más predominó a la hora de levantar iglesias, fue el estilo garaje. Una mala teología generó una pésima arquitectura. En aquella época se buscaba lo feo, porque se consideraba que era más cercano al Evangelio. Lo feo, lo pobretón, lo carente de gusto, eran la quintaesencia de un nuevo modo de ver la religión. 

Suponían que el futuro de la arquitectura religiosa iba a ser un continuo profundizar en ese chabacanismo. Podían ser arquitectos, pero no profetas. Si los que estaban detrás de los arquitectos, hubieran visto el futuro por un agujero, se hubieran quedado escandalizados y bien escandalizados. En el año 2012, todavía quedan de este tipo de arquitectos sueltos porque todavía quedan algunos de esos clérigos desnortados. Pero, afortunadamente, en franca retirada. Como alguien que se empeñara en erigir templos visigóticos en pleno gótico flamígero. A los que no les convierta el buen gusto, les matará el Tiempo. Pero la época presente ya no está para experimentos cósmico-cristiano en forma de templo católico."

Personalmente me encanta el gótico, y en menor medida el románico, pero aprecio la belleza de los demás estilos anteriores a la segunda mitad del s. XX. En éstas últimas no encuentro la belleza por ninguna parte, más allá de algún Cristo a alguna Virgen. Miro el exterior, las paredes, las ventanas (que no vidrieras), el altar, la capilla (si la hay), el techo e incluso el suelo, y no encuentro belleza. Y lo bello siempre remite a Dios, que creó el mundo y lo que hay en él, "y vio que era muy bueno". O, como leemos en los salmos: "Amo, Yahveh, la belleza de tu Casa, el lugar donde se asienta tu gloria" (Sal 26,8) o "Una cosa pido a Yahveh, es lo que ando buscando: morar en la Casa de Yahveh todos los días de mi vida, admirar la belleza de Yahveh contemplando su templo." (Sal 27,4).

¿Qué pensáis vosotros? Tal vez, después de todo, yo sea un poco raro...





Hasta aquí, bien, muy bien...


¿Iglesia o sala de exposiciones?


¿Auditorio municipal?

¿Pabellón de baloncesto o sala de conciertos?



2 comentarios:

  1. Hoy no comparto mucho tu gusto David, cuando Miguel Angel hizo San Pedro, tal vez levantó algún revuelo. La Iglesia de San Francisco de Asis tenía uno de los más bellos techos del renacimiento y un terremoto se la llevó por delante. Particularmente mira esta dedicada a la aparición de María Santísima en Venezuela, tiene la forma de su corona, y es de una belleza inigualable y lleva 30 años en construcción y consagrada por Juan Pablo II: http://farm1.static.flickr.com/129/344853485_d4e7d75d35.jpg. Y la basílica central de Lourdes: http://www.eurotours.com.mt/kportal/content/images/Underground%20Basilica%20lourdes.jpg. Recuerda la Sagrada Familia de Gaudí, eso si que levantó resquemores.
    Un saludo en Cristo.

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  2. Muchas gracias Ramón por tu aportación.

    El hecho de que me encante el gótico no quiere decir que no me gusten, y mucho, otras maravillas anteriores y posteriores: las que tú has indicado, Santa Sofía en Estambul, la Dormición o el Santo Sepulcro en Jerusalén, o tantas otras de Roma como San Pablo Extramuros, la pequeña iglesia donde están los huesos de san Valentín (conocida más porque en su entrada está la Boca de la Verdad) o la espectacular iglesia de San Ignacio de Loyola.

    Respecto a la de Venezuela, no la conocía. He buscado y supongo que te refieres a Ntra. Señora de Coromoto. Ciertamente es bonita y tiene unas vidrieras preciosas. La de Lourdes me gusta algo menos (aunque no está mal), porque, para lo amplia que es, tiene el techo muy bajo, muy chato. Lo que sí que no me gusta de ambas es el cemento. El cemento visto es algo que, para mi gusto, es feo, y no sólo para las iglesias sino para cualquier edificio. Da la impresión de que la obra está sin terminar. Igual que la piedra me encanta al natural porque da sensación de firmeza, seguridad además de recogimiento, el cemento da sensación de provisionalidad, y una iglesia tiene que hablarnos de la eternidad.
    Por último, la Sagrada Familia de Gaudí, por lo que he visto en imágenes, es un canto a la belleza. No entraría dentro de mi crítica ya que está diseñada y comenzada a construir a comienzos del s. XX, pero ya que la has mencionado, te digo que me encanta. Creo que es un ejemplo clarísimo de cómo un arquitecto diseña algo para gloria de Dios y no para la suya. De hecho, Gaudí está en proceso de beatificación.

    La Paz.

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