viernes, 19 de octubre de 2012

La alegría cristiana

¿Quién no ha oído alguna vez decir que el cristianismo es una religión oscurantista, que hace vivir a la gente reprimida, que todo lo bueno lo considera pecado, etc.? Y lo peor no es eso, sino que a veces nos lo hemos creído, pensando que todo gira en torno a nuestro pecado. Nos revolcamos en nuestro pecado, repitiéndonos lo malos que somos, que no cambiaremos nunca, y así, usando al Señor como nuestro Don Limpio particular. Cuando vivimos así nuestro cristianismo estamos dando la razón a esos críticos. ¡Y eso no es ser cristiano! Por supuesto que debemos ser conscientes de nuestro pecado, arrepintiéndonos de él y confesándolo, pero sin perder jamás de vista que somos hijos de Dios

¿Cómo puede no alegrarnos que Dios nos haya hecho hijos Suyos? ¿Que nos dé a comer Su cuerpo, dándonos así de su naturaleza? ¿De verdad pensamos que es mejor "disfrutar" del sexo sin medida? ¿Tener dinero a toda costa y cuanto más mejor? En definitiva, hacer lo que queramos, cuando queramos y como queramos, sin pensar en las consecuencias. ¿Da eso la felicidad? 

El problema está en que nos han cambiado el agua, nos han vendido que la felicidad son los finales de las películas de Disney, la sonrisa de oreja a oreja, el que todo nos vaya como queremos, sin sobresaltos, que con sufrimiento no se puede ser feliz. Salud, dinero y amor. Y Dios en la sacristía, como mucho para confesarnos de vez en cuando y lavar nuestra conciencia. Y eso solo lleva a la esclavitud al placer inmediato y a la depresión. Lo primero porque, al no haber más allá de esta vida, al tener que buscar esa felicidad de lsd, la única forma es la que dijo san Pablo: comamos y bebamos que mañana moriremos. Y, lógicamente, esto lleva al segundo punto, porque, por más que nos esforcemos, nada ajeno a nosotros puede darnos la felicidad, lo cual nos lleva a la pérdida de la esperanza. Y no hay nada más triste que no tener esperanza. Este es el fruto de vivir sin Dios, el fruto del pecado.

En cambio, el cristianismo lo que nos ofrece es ser señores de nuestra vida. Teniendo a Cristo como nuestro señor, dominaremos lo que nos domina cuando estamos sin Él. Porque el deseo de vivir bien no es malo en sí mismo, tampoco el deseo sexual, ni el querer descansar, ni el no querer sufrir, ni el querer darle a nuestros hijos una vida más cómoda, etc. El problema llega cuando absolutizamos algo de esto, cuando lo ponemos en un pedestal y nos arrodillamos ante él, esperando que nos dé una vida plena. El cristiano desea vivir bien, pero sabe que en las dificultades también está Dios y se pueden vivir con tranquilidad; tiene deseo sexual, pero lo domina sabiendo que la sexualidad no es sólo genitalidad y que las relaciones sexuales son un don del Señor que hace que dos personas, que se han unido sacramentalmente ante Él, se hagan una sola, siendo así imagen de la Trinidad, de modo que el otro no es algo que poseer o usar, sino alguien a quien darme; sabemos que es bueno descansar, pero no si lo hacemos con egoísmo o con pereza, haciendo que nuestro descanso se convierta en sufrimiento para el otro; no nos gusta sufrir, pero sabemos, con confianza, que Dios permite todo para nuestro bien, que el sufrimiento, llevado con Él, nos purifica, y que si el mismo Cristo aceptó la cruz por amor a nosotros y para salvarnos, nosotros podemos ofrecer nuestros sufrimientos por los demás; queremos lo mejor para nuestros hijos, pero eso no siempre implica evitarles sufrir, porque sabemos que Dios tiene una historia con cada uno de ellos, y, además, si para nosotros lo mejor es haber encontrado a Dios, al Amor, ¿no será eso lo primero que queramos que tengan? Como me dijo un amigo un día, "no se si podré dar a mis hijos todo lo que quieran, pero sí todo lo que necesiten", es decir, la fe. Y así podríamos seguir con tantas cosas y deseos que pervertimos y que el Señor nos enseña a purificar. Así seremos felices, viviendo como hijos de Dios. Porque además, viviendo así, dejaremos de ver en el prójimo una amenaza a nuestro yo y veremos con nuevos ojos todo lo que nos rodea. Incluso la muerte. 


Y por la hermana muerte,
loado mi Señor.
Ningún viviente escapa
de su persecución
¡Ay, si en pecado grave
sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen
la voluntad de Dios
!No probarán la muerte
de la condenación
¡Servidle con ternura
y humilde corazón!
¡Agradeced sus dones,
cantad su creación!
Las criaturas load a mi Señor.

3 comentarios:

  1. Y la alegría es el mejor testimonio que podemos dar de nuestra fe. Nada evangeliza más que un alma alegre en el Señor. A mi me encanta un pensamiento del Hno. Rafael, que me ayuda a esforzarme por vivirla. "Ocultemos en el último rincón de la tierra nuestras lágrimas, nuestras penas y nuestros desconsuelos... No llenemos el mundo de tristes gemidos, ni hagamos llegar a nadie la más pequeña parte de nuestras aflicciones."
    Un fuerte abrazo

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    1. Así es Angelo. Mi párroco siempre dice que un cristiano triste es un triste cristiano. Pero cuánto nos cuesta a veces, no pocas de ellas por producir lástima y que así nos presten atención. Egoísmo puro. Me ha encantado la frase del Hno. Rafael, me la apunto.
      La Paz.

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  2. David, que preciosidad de entrada!!! si que es verdad, hay hermanos que siempre estan hablando de su pecado con tristeza, como si nunca salieran de él...y me produce una amargura grande dentro de mi...cuando ya sabemos que fué Jesus quien clavó nuestras amarguras en un madero!!!!Fuera tristeza !!! solo con la Alegria que dá el Espiritu Santo tenemos que vivir y hacer vivir a los que nos rodean, porque la muerte nos empuja a creer en la desesperanza y esto viene del tentador! No hay peor Cruz que tener que amar a los tristes santurrones.....

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