miércoles, 17 de octubre de 2012

Testigos y mártires


En los últimos días han surgido varias noticias, aparentemente inconexas, que ponen el foco, a quien lo quiera ver, en la persecución. Por un lado, la Ministra de Educación de Ontario anunció una nueva ley que impedirá que en los colegios católicos se enseñe que el aborto es algo malo en sí mismo. Mientras tanto, en Toledo, el alcalde ha amenazado a una parroquia porque ha puesto un cartel anunciando catequesis, ya que al parecer incumple la normativa municipal, aunque parece ser que el señor alcalde no es tan fiel a esta ley en otros casos. Por último, ayer apareció una noticia que dice que, en los últimos 10 años, los ataques contra los cristianos en el mundo han aumentado un 300%. A esto le podríamos sumar las acusaciones de blasfemia contra cristianos en Pakistán o Egipto, los asesinatos y quema de iglesias en Nigeria, el ataque a una capilla universitaria en España, la retirada de crucifijos en las aulas, la exclusión deliberada de la mención al cristianismo en la fallida Constitución Europea, la campaña por airear, cuantos más casos mejor, la pederastia por parte de sacerdotes, sean ciertos o no (cuando se demuestran falsos, no hay retractación en los medios), el acoso, incluso físico, a algunos peregrinos de la JMJ de Madrid, las constantes blasfemias y burlas que podemos ver algunas series, el linchamiento social al obispo de Alcalá de Henares por llamar al pan, pan y al vino, vino, etc. 

La primera conclusión que saco de esto, es que los cristianos debemos estar haciendo algo bien, ya que la persecución viene cuando se sigue a Cristo. Cuando nos seguimos a nosotros es cuando los que están contra la Iglesia nos soban el lomo. Ahí tenemos a los Tamayo, Queiruga, Forcades y compañía, tan queridos por la progresía eclesial y por los medios de izquierdas o simplemente anticatólicos. 

La segunda conclusión es que tenemos que estar preparados para el martirio, como explica mejor que yo en su blog el padre Jorge González. ¿Pensamos acaso que los mártires de la Guerra Civil sospechaban 10 años antes lo que se les venía encima? Imagino que no. Y el martirio no se improvisa. Viene como anillo al dedo para esto la memoria que hoy celebra la Iglesia, san Ignacio de Antioquía. Si no habéis rezado laudes o no habéis leído la lectura propia del Oficio de Lecturas, os invito a hacerlo, aunque sea de sobra conocida. El martirio se prepara toda la vida, con las pequeñas y grandes renuncias que se nos presentan cada día. No se trata de estar pensando que en cualquier momento no pueden querer matar o de apretar los puños y los dientes y, por nuestras narices, aceptar todo lo que nos venga. Se trata de ser fieles al Señor, de rezarle cada día, de acudir a los sacramentos con frecuencia. ¿Cuántas veces no hemos dejado de rezar porque "no nos apetecía"? Yo muchas. Y como esto, en cualquier faceta de la vida. El que quiera salvar su vida, la perdera dice Jesús en el Evangelio, y de forma similar en los Proverbios se dice que la despreocupación perderá al insensato (Pro 1, 32). Si tratamos de vivir teniendo esto presente, haciendo el esfuerzo que tantas veces supone, el Señor nos lo recompensará estando con nosotros. Así se puede ser mártir si el Señor así lo tiene previsto. Aunque puede ser que no tengamos que llegar a tanto. 

La última conclusión enlaza con la anterior. Es cierto que tal vez no tengamos que llegar a derramar la sangre por Cristo. Pero es igual de cierto que a la sociedad de hoy ya no le valen las palabras (o solamente las palabras). El mundo de hoy está pidiendo a gritos testigos del Evangelio. Y un testigo veraz es el que une sus palabras y su vida. De nada vale que anunciemos el Evangelio a alguien, que le digamos lo mucho que nos ayuda, lo importante que es, cómo ha cambiado nuestra vida, si luego ese alguien ve que al primer problema renegamos y nos cabreamos como el que más, ya sea porque viene un embarazo que "no nos viene bien en ese momento", que nos congelen o bajen el sueldo, que vayamos al paro, que haya muerto alguien querido para nosotros, o simplemente que esa noche nuestros hijos no hayan dormido y por tanto nosotros tampoco.  Es en estas cosas donde de verdad "evangelizamos". Si se viven con Dios, el que está enfrente se preguntará por qué no te hundes en esa situación, porqué no despotricas contra la vida o contra Dios, porqué no estás amargado. Ese será el mejor abono para las palabras que mal o bien podamos decirles. En nuestra sociedad la gente tiene ya una idea preconcebida y distorsionada de la Iglesia y del Evangelio, por eso es tan difícil la evangelización pura y dura; por eso se ha "inventado" la Nueva Evangelización, de la que están tratando los obispos en el Sínodo de Roma. Y por eso tenemos que ser especialmente fieles al Señor y prudentes en nuestro comportamiento, porque, como decía el otro día, los que nos rodean no van a ir a preguntar a un cura sobre la Iglesia. En principio ni siquiera se harán preguntas porque creen saber lo necesario. Nuestra vida y cómo la vivimos es la que puede hacer que les surjan esas preguntas o que se confirmen las ideas que ya tienen. Por eso es tan necesaria la oración. Sí, ya sé que lo digo en todas las entradas, pero es que es así. Si no, mirad cuántas veces Jesús se retira a orar, cuántas veces dice a sus discípulos que tienen que rezar, que hay demonios que sólo se vencen con mucha oración, cómo san Pablo dice que oremos constantemente. Si no rezamos, estamos perdidos.

Os dejo aquí un magnífico vídeo que explica mucho mejor que yo esto del testimonio. Es un poco largo, pero tenéis que verlo entero.


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