viernes, 14 de diciembre de 2012

Sin cruz nunca seremos santos


Porque, para entrar en estas riquezas de su sabiduría, la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos.
Este es el final de la segunda lectura del oficio de hoy, día en que se celebra la memoria de san Juan de la Cruz, y pertenece a su Cántico Espiritual. La traigo aquí porque me ha parecido espectacular. Os recomiendo leer toda la lectura para entender mejor la frase.

Meditándola después de escucharla, he llegado a dos conclusiones: la primera es que la cruz, no sólo es imprescindible para encontrase con Cristo, sino que además Dios nos la pone a diario en multitud de ocasiones. Y la segunda es que María es esencial para que entremos en la cruz con humildad.


Jesús ya dijo que "el que quiera se discípulo mío, tome su cruz ...". Pero, por si eso no es suficientemente claro, san Juan de la Cruz nos lo dice de otra forma: si queremos las riquezas de Dios, si queremos a Dios, la puerta es la cruz. No dice que la cruz sea una posibilidad más, un camino tan válido como otro, que sea opcional. No. Dice que es "la" puerta. Pero no hay que buscar grandes sufrimientos. La cruz no tiene porqué ser una enfermedad, el paro, un hijo conflictivo, un jefe insoportable, etc. Cada día tenemos la posibilidad de cargar con la cruz: cuando un hijo nos despierta a media noche, cuando en la oficina tenemos que tratar con el pesado de turno, cuando hay que fregar los cacharros y nosotros queremos descansar, cuando sucede algo, no necesariamente grave, que nos contraría, etc. Poned lo que queráis. En definitiva, cuando tenemos que morir a nosotros mismos, a nuestro "me apetece, no me apetece", cuando hemos de renunciar a nuestro "yo" para que el "tú" prevalezca. Por eso dice el santo que desear entrar por ella es de pocos. Porque a ninguno nos gustan estas cosas. A nosotros nos toca pedir la gracia al Señor cada día para entrar en su voluntad, siempre con su ayuda, porque como lo intentemos en nuestras fuerzas, vamos listos.


Y, ciertamente, el Señor nos ha dado una ayuda enorme: su madre. Ella empezó a vivir su propia cruz cuando empezó a llevarle en su seno. Le dio a luz en un establo. Tuvo que huir a Egipto. Quedó viuda, con lo que significaba en aquel tiempo. Y nunca renegó. "Guardaba todo en su corazón". Y, por supuesto, estuvo al pie de la cruz. Aunque no pertenece al Evangelio, siempre me ha impresionado la escena de La Pasión en la que María hace lo imposible para acercarse a su hijo en el Vía Crucis, y cuando lo hace, tras una caída del Señor, éste, al verla, parece recuperar las fuerzas y fijar de nuevo la vista en el objetivo de la voluntad del Padre, morir por nosotros. 

La cruz es necesaria para encontrarnos con el Señor, y como él sabe de nuestra debilidad, nos ha entregado a su madre, para que la acojamos en nuestro corazón y nos consuele en las dificultades.

Pidamos a nuestro Padre que nos ayude a entrar cada día en nuestras cruces, y que lo hagamos con y por amor. Pidamos a nuestra Madre que nos ayude a "hacer lo que él nos diga". Gracias a que ella entró en la voluntad de Dios y aceptó el sufrimiento que conllevaría, hoy, nosotros, vamos a celebrar la Navidad y hemos sido salvados por la muerte y resurrección de Cristo. Por la aceptación amorosa de la cruz de una, millones y millones nos hemos encontrado con Dios. No menos importante es nuestra aceptación diaria de lo que nos hace sufrir, porque ese y no otro es el camino de la santidad, que es a lo que nos ha llamado el Señor: a ser santos.

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