jueves, 26 de diciembre de 2013

La noticia

Dios, el creador del universo, el Señor de todo, aquel sin el cual nada puede existir, se ha hecho niño por ti, porque te ama.
Si desbordas de alegría o te ahoga la tristeza, si tienes trabajo o estás parado, si estás casado o soltero o viudo, si eres sacerdote o religioso, si estás alejado de Dios o le tienes presente a cada instante, si estás sano o enfermo, si estás solo en la vida o te sobra la compañía, si eres cristiano o si no lo eres, sea cual sea tu condición, tu estado, seas quien seas y seas como seas: ¡¡Felicidades!! ¡¡Dios te ama!! ¡¡Feliz Navidad!!


martes, 26 de noviembre de 2013

Reinar, servir, amar

El domingo celebrábamos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, y ese mismo día el Papa clausuraba el Año de la Fe, fe en ese mismo Jesús, que, desde el momento mismo del anuncio del ángel Gabriel a María, comenzó a revolucionar el mundo y ha seguido haciéndolo a través de su Iglesia.

Un signo claro de esa revolución, de ese cambio de mentalidad, es la elección que la Iglesia ha hecho del Evangelio de esta solemnidad. La mayoría de nosotros, con un pensamiento tantas veces mundano (o "del siglo", como se decía antiguamente), habríamos elegido la Transfiguración, el Bautismo, la multiplicación de los panes, la resurrección de Lázaro, la Resurrección o la Ascensión del Señor. La Iglesia, en cambio, demostrando que el Espíritu Santo actúa, ha elegido el que todos pudimos escuchar, el instante en que Cristo, crucificado, insultado, tentado, le regala la salvación al buen ladrón.


¿Eso es reinar? ¿Estar crucificado, junto a otros malhechores, expuesto a las burlas de cualquiera que pase por ahí? Pues sí. Jesús mismo dijo que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos, amándonos "hasta el extremo". El verdadero reinado no está en el poder temporal, como tantas veces creemos y como gran parte de la Iglesia ha creído (y algún despistado aún cree) durante mucho tiempo. El verdadero reinado está en servir al otro, entregarse al otro, amar al otro, dar la vida por él. En el trabajo, en el colegio, en la parroquia, en casa. El que verdaderamente está unido a Cristo Rey es el que piensa primero en el bien de quien tiene enfrente, aunque eso no signifique satisfacción propia. Porque si nos damos a los demás y vemos que eso tiene un efecto beneficioso, que una situación difícil en el trabajo mejora, que en casa todos comienzan a llevarse bien, que en la parroquia todos se comprometen, etc., en estos casos puede ser incluso agradable darse, porque en cierto modo estamos recibiendo un premio. Lo duro, lo difícil, lo imposible para nosotros es que, como Jesús, nos entreguemos y nadie se de cuenta de ello, salvo un miserable ladrón, e incluso se burlen de nosotros por entregarnos. Cuando ayudamos a alguien sin que lo pida y no nos da las gracias, cuando trabajas en casa y no te lo reconocen; es decir, cuando nos damos y nada cambia a nuestro alrededor (o al menos no lo percibimos) es cuando más hay que agarrarse a la cruz, cuando más hay que acudir a la oración y hacer el acto de fe de que el Señor está con nosotros en ese anonadamiento. Este es el reinado de Jesucristo en nosotros, que cada día, en las pequeñas cosas, dejemos que se suba a nuestra cruz para que con él nos entreguemos, amemos a los demás como Él nos amó en la cruz y nos dijo, junto a san Dimas: "Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso", en definitiva, que miremos con los ojos de Dios.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Oración y formación

El otro día escuchaba en Radio María a un sacerdote hablando de la oración. Concretamente comentaba cómo cada vez hay más personas que se dicen católicas, que incluso van a Misa cada domingo, pero para las que la oración diaria es algo extraño, ajeno y propio de monjes y monjas. Y estoy seguro de que en la mayoría de los casos es porque nadie les ha enseñado a orar; a cuánta gente no le habrán enseñado que ser católico es cumplir una serie de preceptos y ya está. Y claro está, la oración no entra dentro de esos cumplimientos, porque la oración no es un cumplir, es un estar, estar con el Señor. Como esa historia que cuentan del cura de Ars, que veía todos los días a un campesino que entraba en la Iglesia, se sentaba, y tras estar un rato así, se iba. Un día, cuando el campesino se iba, le paró y le preguntó que qué hacía, ya que aparentemente no rezaba, ni leía nada, ni llevaba un rosario. El campesino le dijo: "yo vengo todos los días a ver a ese Cristo de ahí, y no sé qué decirle, simplemente yo le miro y él me mira." Eso es la oración, mirar a Dios, estar con él. Y eso no puede hacerse por cumplir. Es una necesidad del cristiano. Como le gusta decir a mi párroco, un cristiano que no reza es como un pájaro que no sabe volar o un pez que no sabe nadar. No "debemos" rezar, no "tenemos" que rezar. Necesitamos rezar. Ciertamente, como decía santo Tomás de Aquino, un hombre puede, por sus solas fuerzas, realizar actos de bondad, pero hasta un punto. No se puede ser cristiano sin orar, porque seguir a Cristo en el mundo significa renunciar a muchas cosas, significa sacrificarse por los demás, ponerse el último, renunciar a uno mismo por amor al otro. Y eso, en nuestras fuerzas, es imposible. O, como dice uno de los mensajes de Twitter del papa Francisco: "La lucha contra el mal es ardua y prolongada; es necesario rezar constantemente y con paciencia."

San Agustín

Y me atrevería a decir otra cosa, que tal vez no convenza a todos. Para ser cristianos hoy, en esta sociedad, también necesitamos formación. Necesitamos conocer a la Iglesia, su historia, sus oscuridades y sus luces. Necesitamos saber qué dice el papa, pero no a través de los medios de comunicación habituales, sino directamente en los medios del vaticano o en medios católicos "sanos". Necesitamos saber qué piensa la Iglesia del aborto, la eutanasia, la homosexualidad, el matrimonio, el sexo, y para esto está el Catecismo. Necesitamos ser inteligentes y, cuando veamos alguna noticia del tipo "el papa a dicho que..." o "tal obispo a dicho que...", y esas declaraciones sean contrarias a la doctrina o a lo que habitualmente dice la Iglesia, busquemos en esos medios que he comentado antes, a ver si es realmente así o esas palabras han sido manipuladas o sacadas de contexto. No creamos todo porque lo dice la tele. Seamos críticos. Como dice san Pablo, "examinadlo todo y quedaos con lo bueno". En la sociedad de Internet, de la información (a menudo desinformación), de las redes sociales, tenemos que ser cristianos preparados, lo necesitamos, porque cualquiera tiene acceso a leyendas negras de la Iglesia, a informaciones falsas, a manipulaciones de lo que dice el papa o cualquier obispo, y habrá gente que nos pregunte por estas cosas, que nos diga que la Iglesia, nuestra madre, no tiene nada de santa, que incluso la insulte, y necesitamos tener argumentos para defenderla. ¿O acaso si alguien insultara o difamara a nuestra madre no la defenderíamos? Pues la Iglesia es nuestra madre, en ella recibimos la fe, los sacramentos, el amor de Dios, a Dios mismo cada domingo. Necesitamos amar a la Iglesia, y para amarla, hay que conocerla.


lunes, 18 de noviembre de 2013

Medios, políticos, Iglesia

Hay una cosa que no deja de asombrarme, y espero que no deje de hacerlo porque significaría que me he acostumbrado o que me da igual, y es la capacidad que tienen muchos medios de comunicación de manipular la realidad y muchos políticos de inventar polémicas. Y casi siempre con un objetivo común: la Iglesia.

Respecto a los medios, es algo que resultaría cómico si no fuese tan serio, porque, si nos fijamos en el caso del Papa, a Francisco le dan la "bendición progre" en aquello en lo que maldecían a Benedicto XVI, ¡y los dos dicen lo mismo! Es increíble cómo el cambiar unas palabras por otras puede hacer que pasen de criticar o insultar a hablar maravillas, sin haber cambiado el discurso. Esto se puede explicar desde dos perspectivas. La primera es desde la de la Iglesia, ya que hay que reconocer que ambos papas son muy diferentes. Benedicto XVI es alemán, profesor durante mucho tiempo, y podríamos decir que tenía poca "experiencia de campo" en el sentido de que ha estado en la curia la mayor parte de su vida episcopal. Por otro lado, Francisco es argentino, más abierto, campechano y que ha estado muchos años de obispo de una gran ciudad, teniendo que bregar a menudo con los medios, y unos medios controlados por un régimen como el de los Kirschner. Y a estas diferencias habría que añadir el hecho de que Francisco, diciendo Misa en santa Marta a diario está dando continuamente material, podríamos decir que en pequeñas dosis, a los medios, pero sin hablar directamente con ellos, por lo que la posibilidad de dirigir las palabras del papa haciendo unas preguntas u otras no existe. En cambio Benedicto XVI sólo hablaba en celebraciones especiales además de en las establecidas (angelus, audiencias) y en contadas entrevistas, por lo que los medios tenían más tiempo de manipular lo que decía o preparar estrategias. Y desde la perspectiva de los medios la cosa es más sencilla: divide y vencerás. Les interesa presentar a Francisco como el anti-Benedicto XVI, el misericordioso contra el riguroso, el aperturista contra el conservador, el respetuoso contra el intransigente. Tratan de sembrar desconcierto entre los católicos, porque si, como quieren hacernos creer, Francisco dice y hace cosas contrarias a los anteriores papas, ¿a quién hacemos caso? ¿Cuál defiende la doctrina y la Tradición? O también, como cada uno dice una cosa, en el fondo da igual lo que creamos, con ser buenos es suficiente. Por tanto, la Iglesia no valdría nada, sería una institución más, dependiente del capricho del gobernante de turno. Divide y vencerás.

Y respecto a los políticos, creo que la cosa, con ser seria, es más simple. Salvo casos contados que pueden tener una estrategia real de ataque a la Iglesia, la mayoría actúa por pura ignorancia, ya que cuando se está en la ignorancia se sigue lo que diga la mayoría, en este caso, la ideología de turno. A este respecto podríamos hablar de los ataques que sufrió monseñor Reig Plá la pasada semana santa tras la homilía del viernes santo, ataques basados en la información, manipulada, de los medios. También podríamos hablar de las peticiones de denegación concierto a los colegios religiosos o, más recientemente, del caso del libro "Cásate y sé sumisa", que ha sido objeto de ataques, manipulaciones, intentos de censura, acusaciones contra el obispo de Granada y contra el libro de fomentar la violencia contra las mujeres, etc. Todo ello sin haber leído una sola página, sólo por el título. Y porque es la Iglesia la que está detrás de estas cosas.

Pero esto es normal, y debe ser así. El demonio existe, odia a la Iglesia y es el padre de la mentira y el que divide. Los medios, los políticos (siempre con excepciones en ambos) son simples peones que utiliza para su interés, igual que a muchos cristianos tibios, sacerdotes, obispos. Su fin es destruir la Iglesia, acabar con los cristianos, y esto será siempre así hasta el final de los tiempos. 

"Sed prudentes, estad alerta. Que vuestro enemigo, el diablo,  como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe". 1 Pe, 5, 8-9

lunes, 11 de noviembre de 2013

¿Para quién vivimos?

Ayer me llegó a través de Facebook una frase de la Imitación de Cristo que me hizo pensar. Es esta: "No eres más porque te alaben, ni menos porque te critiquen; lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más." Caí en la cuenta de la cantidad de veces en que actuamos como si dependiera de la opinión de los demás quién somos. A menudo nos comportamos, hablamos e incluso vestimos en función de los demás, ya sea en casa, en el trabajo, con los amigos o incluso en la Iglesia. Este último caso es especialmente claro en los que tenemos o hemos tenido algún tipo de responsabilidad: cantar, leer, pasar la colecta, etc. ¿Cuántas veces hemos hecho estas cosas pensando en qué estaría pasando por la cabeza de los demás? Si les gustaría como lo hacemos, si les molestaría algo que podamos decir, etc. En definitiva, que cumplimos mucho menos de lo que deberíamos aquello de san Pablo: "Si vivimos, vivimos para el Señor"

A cuento de esto me viene a la memoria una breve historia que oí hace tiempo. Hablaba de un cantero que allá por la edad media se encontraba trabajando en la construcción de una catedral, y estaba esculpiendo una figura en piedra. Ponía todo cuidado y no escatimaba esfuerzos para hacerla lo más perfecta posible. Viéndolo un compañero, le preguntó: "¿por qué te esfuerzas tanto para hacer una figura tan perfecta? Total, esa va a ir en el tejado y nadie podrá verla desde abajo." A lo que el cantero contestó: "la va a ver Dios." Esa debería ser nuestra actitud, hacerlo todo para Dios, para lo cual es imprescindible la oración, ponernos cada mañana en su presencia, pero también que nuestra vida sea oración. En nuestro trabajo, en nuestra casa, con nuestra familia, en la Iglesia, en el parque, conduciendo... en todo actuemos sabiendo que Dios nos mira, pero no por miedo, sino más bien como el hijo que sabe que su padre le observa, y quiere que se sienta orgulloso de él. Es decir, hagamos lo que hagamos, que sea por amor a Dios. De este modo haremos todo por amor a los demás, sin importarnos lo que piensen. Esto se llama santidad.

Os dejo otra poesía que lo explica a la perfección, esta vez de santa Teresa de Jesús:

Vuestra soy, para Vos nací,
¿Qué mandáis hacer de mí?


Soberana Majestad,
Eterna sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, alteza, un ser, bondad,
La gran vileza mirad,
Que hoy os canta amor así.
¿Qué mandáis hacer de mí?


Vuestra soy, pues me criastes,
Vuestra, pues me redimistes,
Vuestra, pues que me sufristes,
Vuestra, pues que me llamastes,
Vuestra, porque me esperastes,
Vuestra, pues no me perdí.
¿Qué mandáis hacer de mí?


¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
Que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
A este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce Amor,
Amor dulce, veisme aquí,
¿Qué mandáis hacer de mí?


Veis aquí mi corazón,
Yo le pongo en vuestra palma,
Mi cuerpo, mi vida y alma,
Mis entrañas y afición;
Dulce Esposo y redención
Pues por vuestra me ofrecí.
¿Qué mandáis hacer de mí?


Dadme muerte, dadme vida:
Dad salud o enfermedad,
Honra o deshonra me dad,
Dadme guerra o paz crecida,
Flaqueza o fuerza cumplida,
Que a todo digo que sí.
¿Qué queréis hacer de mí?


Dadme riqueza o pobreza,
Dad consuelo o desconsuelo,
Dadme alegría o tristeza,
Dadme infierno, o dadme cielo,
Vida dulce, sol sin velo,
Pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Si queréis, dadme oración,
Sí no, dadme sequedad,
Si abundancia y devoción,
Y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
Sólo hallo paz aquí,
¿Qué mandáis hacer de mí?


Dadme, pues, sabiduría,
O por amor, ignorancia,
Dadme años de abundancia,
O de hambre y carestía;
Dad tiniebla o claro día
Revolvedme aquí o allí
¿Qué mandáis hacer de mí?


Si queréis que esté holgando,
Quiero por amor holgar.
Si me mandáis trabajar,
Morir quiero trabajando.
Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?
Decid, dulce Amor, decid.
¿Qué mandáis hacer de mí?


Dadme Calvario o Tabor,
Desierto o tierra abundosa,
Sea Job en el dolor,
O Juan que al pecho reposa;
Sea' viña frutuosa
O estéril, si cumple así.
¿Qué mandáis hacer de mí?


Sea Josef puesto en cadenas,
O de Egito Adelantado,
O David sufriendo penas,
O ya David encumbrado,
Sea Jonás anegado,
O libertado de allí,
¿Qué mandáis hacer de mí?


Esté callando o hablando,
Haga fruto o no le haga,
Muéstreme la Ley mi llaga,
Goce de Evangelio blando;
Esté penando o gozando,
Sólo Vos en mí viví,
¿Qué mandáis hacer de mí?


Vuestra soy, para Vos nací
¿Qué mandáis hacer de mí?

martes, 5 de noviembre de 2013

Ese instante

Como no somos Dios, aunque muchas veces nos comportamos como si lo fuéramos, vivimos sometidos al tiempo, y para tenerlo un poco controlado los tenemos organizado por unidades: años, meses, días, horas, minutos, segundos... Esto está estandarizado así, pero a nivel subjetivo no se puede concretar tan fácilmente. Podríamos hablar de temporadas, ratos, momentos, instantes, depende de su duración, intensidad, etc. Estos últimos son los parámetros con los que mejor podríamos "organizar" nuestra vida de fe: "llevo una temporada en crisis", "este rato de oración me ha ayudado", "me ha llegado especialmente tal momento de la celebración", etc. Y, normalmente, es así como el Señor se acerca a nosotros. Al menos en mi caso, el Señor no toca mi corazón durante 36 segundos o 4 minutos, sino durante un instante, durante "ese instante" en el que tienes conciencia de estar unido a Dios en la Comunión, "ese instante" en el que sientes el amor de Dios en una lectura o una homilía o, lo que para un pecador como yo es esencial, "ese instante" en el que el Señor te mueve a conversión, "ese instante" ante el que sólo cabe decir Sí, porque si lo dejamos pasar es fácil que lleguemos a esa "temporada en crisis", a alejarnos "instante a instante" del Señor y damos cancha al demonio para que multiplique sus "instantes". Digamos que sí al Señor si lo que queremos es ser santos, de lo contrario solo conseguiremos más pecado, tristeza, apatía, y cada vez será más duro y difícil morir al otro. Os lo aseguro. Este sí fue el que dio Mateo al levantarse de la mesa de impuestos cuando Jesús le dijo "sígueme", fue el sí de Zaqueo cuando Jesús le dijo "baja pronto, conviene que hoy me quede yo en tu casa", fue el sí de Pedro cuando Cristo le dijo "¿me amas?". Ese instante cambió sus vidas, como puede hacer con la tuya.

Me gustaría acabar con un poema de Lope de Vega, que plasma con hermosa sencillez este instante en el que Dios se te acerca y con amor y paciencia espera tu respuesta. ¿Qué va a ser tu respuesta?


¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!



jueves, 11 de abril de 2013

La responsabilidad en la Iglesia

Hoy el post va a ser distinto de lo habitual. Hoy quiero opinar sobre la noticia que ha aparecido acerca de sor Teresa Forcades. Al parecer va a lanzarse a la política (de forma oficial, claro, porque oficiosa ya lleva tiempo) de la mano del economista Arcadi Oliveres para buscar la independencia de Cataluña. Y esto lo hace sin quitarse el hábito de monja benedictina (bueno, medio hábito, ya que suele ir con pantalones). Esta monja ya lleva tiempo disparando contra la jerarquía de la Iglesia y apoyando el independentismo catalán, igual que la dominica contemplativa argentina sor Lucía Caram.

Uno no entiende cómo puede ser que dos monjas con vocación contemplativa estén cada dos por tres en los medios de comunicación, cuando se supone que esa vocación implica separación del mundo. Pero donde yo veo el problema no es en ellas, que ciertamente están actuando equivocadamente y usando los hábitos como reclamo (no es igual una mujer cualquiera apoyando el independentismo que una monja con su hábito), el problema creo que está en sus superiores. ¿Cómo pueden permitir que estas religiosas vayan proclamando que los gays deberían poder adoptar, que hay que apoyar el uso del preservativo o permitir que se ordenen mujeres o que entren en política activa cuando, por la vocación que eligieron libremente, deberían estar en el convento llevando una vida contemplativa? Si quieren apoyar esas cosas, allá ellas, pero no como monjas. Hasta donde sé, Forcades ya fue amonestada por Roma, pero parece que no ha servido de mucho. En mi opinión, deberían secularizarlas. ¿O acaso no lo hacen porque piensan que mostrar esta libertad de pensamiento atraerá más vocaciones? Prefiero la medida que han tomado los dominicos irlandeses, que parece ser más efectiva.

Que no parezca que con lo dicho estoy juzgando a estas religiosas. Simplemente muestro unos hechos que hablan por sí solos y que no son dignos de una monja de clausura. Lejos de mi condenarlas, es más, creo que por estas personas hay que rezar especialmente, ya que la caída de un consagrado puede ocasionar mucho más daño a la fe y a la Iglesia que la de una persona anónima. Ojalá el Señor las ilumine para que actúen conforme a su voluntad. Nunca es tarde para nadie. Hasta el más rebelde puede convertirse, como he sabido hoy que pasó con La Pasionaria o con el ex guitarrista de Korn.

El demonio anda rondando, si nos descuidamos caeremos en sus garras, pero cuanta mayor es la responsabilidad, mayor debe ser la precaución, porque peor será la caída. Por eso creo que la Iglesia, en casos como estos, debe ser firme. Tan firme como para expulsar a alguien de su orden, como firme hay que ser también para recibirla de nuevo si se arrepiente.

Los que no estamos consagrados tenemos una gran responsabilidad también: rezar por los que sí lo están, desde el papa hasta quien en este mismo instante esté pronunciando sus votos o siendo ordenado. Todos debemos rezar por todos, ¿o no creemos en la Comunión de los Santos? Pero en especial debemos rezar por los que, como Forcades, Caram, Masiá, Pagola y otros, están siendo más engañados por el diablo para tratar de dañar a la Iglesia.

Y, por supuesto, rezad también por mi. 

miércoles, 10 de abril de 2013

Tomás y la Divina Misericordia

Cada vez me gusta más fijarme (y darme cuenta) en lo cuidadosa que es la Iglesia en la organización del año litúrgico. Nada es por casualidad. No en vano la Iglesia es la "sucursal" del cielo en la tierra, y si para Dios nada es casual, tampoco debe serlo para su Iglesia. Y así sucede en el domingo de la Divina Misericordia, el primer domingo después de Pascua, en el que, como todos sabemos, se proclama el Evangelio en el que el apóstol santo Tomás afirma que si no ve y toca las llagas del Señor, no creerá que ha resucitado.

Y me pregunto yo: ¿qué tendrá que ver una cosa con la otra? Es cierto que el hecho de que este domingo se celebre el día de la Divina Misericordia se debe a que así se lo pidió Jesús a santa Faustina Kovalska, pero, ¿querría el Señor unir estos dos días sin que aparentemente hubiera nada en común? Está claro que no.

Sólo por el versículo del salmo responsorial ya quedaría clara la unión: "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia". Pero yo querría fijarme en la figura de Tomás, o, más bien, en el dúo Jesús-Tomás. Porque es ahí donde se manifiesta magníficamente la misericordia del Señor.

Jesús se presenta a los apóstoles, dándoles su paz y su Espíritu, pero Tomás no está con ellos. Si no estamos con la Iglesia, no veremos al Señor. Tal vez el apóstol, entristecido, vagaba por Jerusalén buscando algo que llenara el vacío que había quedado, como nosotros tantas veces buscamos saciarnos con cualquier cosa cuando parece que el Señor no está con nosotros, cuando no le vemos en lo que nos sucede. El Señor, ante la ausencia de Tomás, podría haber determinado, como habríamos hecho muchos de nosotros, que al no estar, él se lo había perdido. Pero, como afortunadamente el Señor no actúa como nosotros, tuvo el primer gesto de misericordia: volverse a aparecer a los apóstoles solamente para que Tomás le viera. Pero no contento con eso, hace algo que muestra hasta qué punto amaba Jesús a Tomás, igual que nos ama a nosotros: sin tener porqué hacerlo, el Señor acepta que el apóstol haga lo que pidió, tocar sus llagas. ¿Qué habríamos hecho nosotros en el lugar de Jesús? Te encuentras con un discípulo que ha estado tres años contigo, viendo tus milagros, cómo resucitabas muertos, que le han anunciado las mujeres y otros discípulos que te han visto vivo, y, aun así, no cree si no ve. ¿Qué haría yo, que me cabreo con mis hijos cuando a la tercera o cuarta ocasión que les digo algo no lo hacen?

El Señor nos ama profundamente. Ha hecho obras en nuestras vidas y en las vidas de personas que conocemos. Aun así, ante el sufrimiento, dudamos. ¿Estará ahí el Señor? Es más, incluso a veces llegamos a negar que esté ahí, por mucho que haya personas (familiares, hermanos en la fe, sacerdotes) que nos digan que le han visto en su vida y nos cuenten dónde. Somos tan incrédulos como Tomás, tan débiles como Pedro y los demás apóstoles que le abandonaron. ¡¡Pero ahí está la misericordia de Dios!! ¡¡Ahí está la grandeza de la Iglesia!! El Señor cuenta con gente como nosotros, nos ha elegido, desde el papa Francisco hasta el último que ha sido bautizado. Los 2000 años que lleva la Iglesia en pié son una manifestación impresionante de la Divina Misericordia. ¿Cómo si no se explicaría que algo comenzado por pescadores, un publicano y alguno más se extendiese por todo el Imperio Romano, superase persecuciones terribles, la caída de ese mismo imperio, auges y hundimientos de multitud de reinos, grandes pecados de muchos de sus más importantes miembros, tibieza en la fe, cismas, etc.? 

El Señor se ha fijado en ti, ha puesto su mirada misericordiosa en tus ojos y te dice, como a Tomás, "toca mis llagas, y no seas incrédulo sino creyente". Jesucristo, como con Tomás, hará lo que haga falta para encontrarse contigo. Ahora sólo falta que tu respuesta sea la misma que le dio el apóstol. ¿Será así? Si respondes como Tomás, serás santo. El Señor se encargará. ¿No ves que ha muerto y resucitado por ti?

sábado, 23 de marzo de 2013

El papa Francisco y la fe en el Hombre

Parece que, pasada la primera semana de pontificado, empiezan a apagarse los ecos de las primeras impresiones: por un lado están los más amantes de lo tradicional, a los que no les hizo gracia que SS Francisco no saliese al balcón con la muceta ni cantara la bendición Urbi et Orbi, o que no lleve zapatos rojos, o que dé la comunión en la mano a quien así lo quiere o que se deje abrazar como si fuese un viejo amigo. Por otra parte tenemos el otro extremo, que al conocer las actuaciones pasadas con los más necesitados del entonces cardenal Bergoglio o al oírle predicar ya como papa que quiere una Iglesia pobre, ya se han imaginado que el siguiente paso es la venta del Vaticano y sus "tesoros". Y en medio estamos los que relativizamos la importancia de los primero y respecto a lo segundo, sabemos que la pobreza no es únicamente (ni siquiera principalmente) material. Así lo ha dicho el mismo papa ante los diplomáticos acreditados en la Santa Sede.

Superado esto (o casi) toca empezar a escuchar al papa y a seguir lo que haga, pero no porque pensemos que detrás de cada palabra o cada gesto hay algo oculto o una intención consciente de cambiarlo todo. No. Yo creo que es más sencillo que esto. El papa simplemente está haciendo lo que cualquier cristiano debería hacer, y diciendo lo que necesitamos escuchar para avanzar hacia Cristo, porque, no lo olvidemos, su principal función es "confirmar a sus hermanos en la fe", apacentar las ovejas del Señor, es decir, llevarlas a los mejores pastos. En esas está.

Pensando estas cosas y escuchándole en los diversos actos, he caído en la cuenta de una cosa: el papa tiene fe en el Hombre, en el ser humano. Y no es una novedad. Los anteriores papas también la han tenido. Pero sólo ahora me he dado cuenta.

Pero, ¿no somos pecadores? ¿No hacemos "el mal que no queremos"? Así es. De hecho, en el s. XX hemos visto las consecuencias de vivir como si Dios no exisistiera: comunismo, nazismo, legalización del aborto, etc. Cualquiera de nosotros, sin Dios, es capaz de cualquier aberración. Pero, ¿debemos quedarnos ahí? La Iglesia, a través de los pontífices, no lo hace. Porque tiene por Señor a uno que sabía que, si el hombre se deja llevar por Dios, por su gracia, es capaz de lo mejor. De no ser así, ¿habría escogido como discípulos a pescadores, o a un publicano? ¿Habría dicho a quienes le seguían "sed perfectos, como vuestro padre del cielo es perfecto"? ¿Se habría preocupado por anunciar el Reino por todas partes, exponiéndose a burlas, insultos, ataques...? Es más, ¿habría dado su vida por todos nosotros si no estuviese seguro de que, con ese sacrificio, nos habría el camino hacia el cielo? ¿Se habría dejado escupir, azotar, insultar o crucificar si, como dicen los protestantes, la naturaleza del hombre está irremediablemente dañada? 

En Pascua celebramos esto precisamente: que Dios nos ama tanto, y tiene tanta fe en que el hombre, con su ayuda, puede "hacer obras mayores aún", que ha entregado a su Hijo único para que, muriendo y resucitando nos muestre el camino (el de la cruz) hacia el cielo, y después, en cada Eucaristía, recibiéndole, tengamos su naturaleza divina. Y si tenemos la naturaleza de Dios, ¿no seremos capaces de lo mejor?

Esto lo tiene clarísimo nuestro papa y lo tenían los anteriores. Por eso dijo que tenemos la tarea de "caminar, edificar y confesar" a Cristo crucificado. Por eso ha dicho que debemos cuidar la creación. Por eso tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI fueron tan osados como para "exigir" a los jóvenes una vida cristiana auténtica, es decir, una vida de santidad, cuando el mundo lo que les ofrece es una vida fácil, sin responsabilidades, sin pecado. 

Y esto no es simple teoría. La Iglesia no lo sabe "solo" por las Escrituras, que ya sería bastante. La Iglesia lo sabe por experiencia, porque su historia está llena de santos que han cambiado radicalmente de vida, llegando a hacer obras increíbles: san Francisco de Asís, san Ignacio de Loyola, san Francisco de Borja, san Agustín, san Juan de Dios y tantos otros.

Un año más, se acerca la "noche de las noches", cuando celebramos que Jesucristo a roto PARA SIEMPRE las cadenas que nos ataban al pecado. Con Él podemos vencer al demonio, rechazar el pecado, SER SANTOS. Por supuesto, la conversión debe ser diaria. No vale con que un día se nos llene el corazón, pensemos que queremos mucho al Señor, nos confesemos, etc., si esa actitud luego no continúa. Cada día debemos empezar la jornada pidiendo ayuda al Señor, porque sin Él no podemos. Pero, indudablemente, la Noche de Pascua es un momento especial donde Dios quiere colmarnos de gracias. Abramos nuestro corazón, vivamos con intensidad estos días, el Jueves Santo, el Viernes Santo. Preparémonos para ser liberados, igual que se preparó Israel para salir de Egipto. Dejémonos amar por Dios. Deseemos desear ser santos. No nos conformemos con migajas, con "estar a gustito". Si el Señor, eterno, infinitamente bueno, justo, santo, el creador del universo, nuestro Padre, confía en que podemos ser santos, ¿por qué no te lo crees?

jueves, 14 de marzo de 2013

Dios siempre sorprende

Será Scola, será Scherer, será Dolan, será O´Malley, será... Una vez más, la mayoría de los que "saben", de los llamados vaticanistas, han errado el tiro. Pero no lo han errado por no saber del Vaticano y sus entresijos. Han errado porque, al final, cada uno plasma en su lista de papables sus filias y fobias propias, su modo de ver la Iglesia y su idea de hacia dónde tiene que ir la Iglesia. Pero hay un problema: sólo hay Uno que sabe hacia dónde tiene que ir la Iglesia y que, por tanto, sabe qué cardenal es el idóneo. ¿Alguien se esperaba a Wojtyla? ¿Cuántos descartaron a Ratzinger? Muchos deseábamos que saliese este último, como finalmente sucedió, pero era más un deseo que otra cosa. Ahora, tras sesudos análisis hablando de la reforma de la Curia, el Vatileaks, los casos de abusos, la comunicación vaticana, etc., y después de que cada uno, en función de a qué le dieran más importancia, haya elaborado su lista de elegibles, va el Señor y nos regala a... Bergoglio. 

Esto nos enseña algo, al menos a mi. Cada uno de nosotros tiene su idea de dónde tiene que incidir más la Iglesia: la liturgia, la curia, la nueva evangelización, las relaciones con otras religiones, la unión de los cristianos, la ayuda a los más necesitados, la lucha por la cultura de la vida, etc. Todo ello son cuestiones importantes, muy importantes, pero creo que intentar saber qué cosas hará S.S. el papa Francisco, qué decisiones tomará, es aventurar demasiado y, sobre todo, es pretender conocer los planes de Dios. Ayer escuché algo interesante: que igual que Juan Pablo II fue decisivo en la caída del comunismo, Francisco puede serlo respecto al populismo imperante en latinoamérica. Podría ser. También que, siendo como ha sido un obispo sencillo, que viajaba en transporte público, vivía en un apartamento humilde en lugar del palacio arzobispal, etc., pues que acercará la Iglesia a los más desfavorecidos. Podría ser. Pero ahora pregunto: ¿alguien podía prever la caída del comunismo gracias a Juan Pablo II? Todavía más. ¿Algún vaticanista, cardenal, obispo, o lo que sea, pudo siquiera sospechar la que iba a liar (para bien) Juan XXIII?

No pongamos límites a la intervención de Dios. Este papa es un hombre de fe, se ve a la legua. Es sencillo, amable, comunicador, firme defensor de la fe, un hombre de oración. Un pastor. Lo único que me atrevo a aventurar, viendo los precedentes de los dos últimos siglos, es que será un gran papa para la Iglesia. Es más, creo que será un papa santo, como sus predecesores. Juan Pablo II nos invitó a no tener miedo y abrir las puertas a Cristo; Benedicto XVI dijo que era un humilde trabajador de la viña del Señor, y lo ha demostrado con creces. Francisco lo primero que ha hecho ha sido hacernos rezar. Buen comienzo.


lunes, 11 de marzo de 2013

Confirma a tus hermanos



Annuntio vobis gaudium magnum; Habemus Papam: Eminentissimum ac reverendissimum Dominum, Dominum ...

Estas son las palabras que estoy deseando oír, más que ver la fumata blanca. Tengo muchas ganas de saber quién va a ser el próximo obispo de Roma. Y no por curiosidad o por ver si es uno de mis preferidos, sino por conocer a quién tiene en mente el Señor para esta época de la Historia. Porque estamos viviendo un momento histórico, no lo olvidéis. Evidentemente, cada nueva elección de un papa es un momento histórico, por el peso específico que tienen en el mundo, pero ésta en concreto, a mi modo de ver, es más crítica. En el último siglo el mundo ha evolucionado muchísimo, con cambios vertiginosos sociales, políticos, científicos, etc. Hemos pasado de iluminarnos con velas a las luces LED, de comunicarnos por carta o, como mucho, por telégrafo, a los dispositivos móviles que ni hace 30 años la gente podía imaginar. Hemos pasado de luchar por la abolición de la esclavitud o por los derechos de la mujer a tener presidentes de naciones de raza negra o mujeres. En la Iglesia hemos pasado de tener papas "encerrados" en el Vaticano a papas que han visitado multitud de naciones. Pero también hemos pasado de la familia como base de la sociedad al divorcio express o los "matrimonios" homosexuales, de defender los derechos de los más débiles a llamar "derecho" al asesinato de los niños en el vientre de sus madres. Hemos vivido guerras brutales, las más sangrientas de la Historia, junto a los mayores avances sociales y científicos de la civilización. 

En este punto llega este Cónclave. Creo que no me equivoco si digo que está siendo la elección papal más seguida de la Historia de la Iglesia, porque aunque la de 2005 fue seguida, primero por lo que significó para la Humanidad Juan Pablo II, y segundo por ver quién sucedería a alguien de su talla, en ese momento no estaban tan extendidas las redes sociales, los blogs, las páginas de información católicas. Y además, el hecho de que esta vez no haya fallecido el papa ha hecho que la gente pueda estar más pendiente de la preparación del Cónclave. Un ejemplo de esta novedad es la web Adopta un cardenal, donde uno puede registrarse y recibir, aleatoriamente, el nombre de un cardenal para rezar especialmente por él. ¿Cuándo se ha hecho esto antes? Y esto nos muestra otra cosa: en contra de los que muchos dicen (o más bien desearian) la Iglesia está viva, y mucho. ¿Que hay cosas que mejorar? Sí. ¿Que la Iglesia tiene que seguir avanzando en algunas cosas? Por supuesto. Ahi tenemos la cuenta de Twitter del papa o los "brifiengs" del P. Lombardi después de cada Congregación de Cardenales. Siempre ha habido un déficit de comunicación que creo que, poco a poco, se está superando. La Iglesia no es una organización, es un organismo vivo, y como tal hay cosas que tienen que cambiar, pero muchas otras se están haciendo bien. Hay que ser críticos para mejorar, pero también hay que fijarse en los signos positivos, y creo que el seguimiento fiel de tantos cristianos estos días, demostrando el amor a la Iglesia y al papa que salga elegido, es una muestra de ello.

Pidamos por los cardenales, para que elijan por amor a la Iglesia, igual que Benedicto XVI renunció por amor a la Iglesia. Y pidamos por el nuevo papa, porque le espera una tarea titánica. Pero tiene de su parte a Cristo, por tanto tiene (tenemos) la victoria asegurada. En 2005 yo quería que saliera Ratzinger, más por su fidelidad a Juan Pablo II que por su capacidad (pensaba yo) en el gobierno de la Iglesia. De hecho, reconozco que pensé que sería un papa de "perfil bajo". No podía estar más equivocado, y se ha ganado su lugar en la Historia de la Iglesia sin que la sombra de Juan Pablo II le haya pesado. Estoy seguro que quien salga ahora será igualmente un magnífico papa, un santo como los anteriores, que nos confirme en la fe.

Yo, desde ya, le prometo mi fidelidad.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Siervos de los siervos de Dios


Hace casi 8 años el Señor, a través de su siervo Juan Pablo II, quiso enseñarnos que el sufrimiento no resta un ápice de dignidad al hombre, sino más bien al contrario, lo despoja de todo lo que le sobra y le deja sólo ante Dios en la cruz. Y quiso hacerlo cuando celebrábamos la resurrección de Jesucristo, al final de la octava de Pascua, en el inicio del domingo de la Divina Misericordia, recordándonos que la muerte no tiene la última palabra y que Dios nos espera con los brazos abiertos. Y este lunes el Señor nos tenía preparada otra lección, de nuevo a través de su vicario, de nuevo coincidiendo con el comienzo de un tiempo litúrgico fuerte. Esta vez nos ha mostrado lo que es la humildad. En un mundo donde tanta gente ansía el poder, donde hay que "ser alguien", donde incluso en la Iglesia hay quien busca hacer carrera, el papa, el máximo mandatario católico en términos mundanos, ha demostrado lo que en realidad es: el siervo de los siervos de Dios. Como Juan el Bautista ha señalado al Único que importa y a su Esposa. Ellos son los importantes, no él. Y reconociendo que no está en condiciones de manejar la Barca, se echa a un lado.

Hay quien ha criticado a Benedicto XVI por esta decisión, bien por, supuestamente, huir del sufrimiento, o por traicionar la tradición. Muchos de los que le critican también criticaron en su momento a Juan Pablo II por no hacer lo que ha hecho Benedicto XVI. Hay de todo. Pero creo que la mayoría reconocemos la valentía de este paso y sentimos cierta tristeza por su futura ausencia. 

Yo creo que la decisión que ha tomado es la correcta. Y no lo digo porque tenga especial conocimiento de su salud ni de lo que piensa, sino porque le creo. Creo que, realmente, ha meditado mucho esta cuestión, haciéndolo frente al Señor, y de igual modo que aceptó ser papa cuando sus deseos eran otros, por el bien de la Iglesia, ahora, aceptando la misma voluntad de Dios que le nombró su vicario, renuncia, igualmente, por el bien de la Iglesia, haciendo ver a todo el mundo que nadie es imprescindible. Nada puede hacer pensar que huya del sufrimiento, porque, al contrario que su predecesor, no parece que tenga un gran sufrimiento que sobrellevar. Simplemente sus fuerzas están agotadas. No olvidemos que tiene 85 años y que ha entregado su vida, por entero, a Dios. Y ahora se sabe incapaz de llevar adecuadamente a la Iglesia, y por eso, en lugar de dejarse llevar y hacer lo fácil, que sería continuar en su puesto delegando cada vez más, ha preferido quitarse de en medio con la humildad que siempre le ha caracterizado para que sea otro quien tome las riendas.

Estamos en el siglo XXI, en la era de las comunicaciones, de los cambios rápidos, de las reacciones casi instantáneas a lo que sucede a lo largo y ancho del planeta, y la Iglesia debe adaptarse a eso. Algunos, individualmente, ya lo están haciendo. El mismo Benedicto XVI recientemente inauguró su cuenta de Twitter. Esto no es un capricho. Internet se ha convertido en un ámbito más de nuestra sociedad, y quien no está ahí, simplemente no está. Y ya no vale con tener una buena página web. Hay que estar de forma dinámica. Tal vez el próximo papa incluso tenga un blog. ¿Por qué no? Eso sí es adaptarse a los tiempos, no aceptar el matrimonio homosexual o la ordenación de mujeres. Hay que saber diferenciar lo que es fruto de la evolución del hombre y de la sociedad y lo que es fruto del pecado. Un papa que no pueda moverse del Vaticano o que no esté de forma activa en Internet será un papa quasi invisible. Y Benedicto XVI lo ha comprendido bien. Hace tiempo que los médicos le limitaron bastante sus actividades, ayer nos enteramos de que lleva marcapasos. Sabe que no puede llevar el ritmo. No se trata de coger o no la cruz. Se trata de servir a Dios y a su Iglesia. Y a veces ese servicio significa apartarse. Y esto vale para muchos otros miembros de la jerarquía eclesiástica. No estoy haciendo una crítica de la jerarquía en cuanto tal, como si fuese miembro de la asociación Juan XXIII. Simplemente constato una realidad. Ya no vale con la homilía del domingo o con la carta pastoral de turno publicada en la web del obispado. Si un obispo quiere tener algo de influencia, si quiere que se le escuche, debe estar en el ágora de hoy día y salir a buscar a los que ahí están, como san Pablo hizo en Atenas. El papa lo entendió muy bien y para ser ejemplo abrió su cuenta de Twitter. El pastor debe estar con sus ovejas y buscar a las perdidas, y tanto unas como otras hoy se mueven por Internet. Y ahora, para ser de nuevo ejemplo, se retira. Es más, tengo la sensación de que este gesto empezará a ser más común de lo que estamos acostumbrados. El mundo de hoy no es el mismo que el de siglos pasados. Como he dicho antes, ya no sirven los papas que no se movían del Vaticano. Antes sí, ahora no. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI lo han demostrado. La gente se ha acostumbrado a ver al papa en su tierra, a tener una celebración con él, aunque sólo sea una vez en la vida. Esto no tiene vuelta a atrás. Por eso digo que, en mi opinión, no será extraño, por un lado, que los papas sean cada vez más jóvenes (como lo fue Juan Pablo II) y por otro que, cuando vean que no pueden seguir el ritmo, dejen paso a otro. Y no veo que esto sea ningún problema ni ningún desprestigio para el papado. Al contrario, demostrará que el papa está para servir y no para mandar, que ser papa no es un "cargo", sino un servicio de amor a los hombres y a Dios. 

Gracias, Benedicto. Tu predecesor nos mostró que se puede ser feliz en el sufrimiento, y que este sufrimiento, lejos de degradarnos nos acerca a Dios, nos santifica. Y tú nos has mostrado qué es la humildad, qué supone amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, qué significa poner al Señor y a su Iglesia lo primero. Cuánto amor nos debe tener Dios para haber puesto al frente de su Iglesia, para confirmarnos en la fe, a unos gigantes de la fe como vosotros. ¿Qué no nos tendrá deparado para el futuro? Esto da un poco más de sentido a lo que dijo san Pablo: "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia." El mundo de hoy se aleja cada vez más de Dios, el pecado campa a sus anchas, el demonio hace y deshace a su antojo porque muchísima gente, incluso en la Iglesia, ha dejado de creer en su existencia. Frente a esto, el Señor nos ha enviado unos papas de una santidad incontestable que no se han guardado nada para ellos mismos. Él siempre cumple lo que promete: "las puertas del infierno no prevalecerán ante Ella". 

Deo gratias.

martes, 29 de enero de 2013

Los Miserables

Hoy sólo quiero recomendaros una película: Los Miserables.

Más allá de aspectos técnicos o de que los actores lo hagan mejor o peor (para mí, lo bordan, le daría el Oscar a Hugh Jackman sin pensarlo), a mi me ha ayudado en mi fe. No sé cómo vivirán la película los que no crean, pero, desde luego, para un cristiano no es sólo un musical, son dos horas y pico de oración. Pecado, expiación, culpa, misericordia (aceptarla con humildad o rechazarla con soberbia), amor por el sufriente, esperanza en el sufrimiento más profundo, confianza humilde en Dios, justificación del otro, cómo un acto de amor sincero puede cambiar vidas... Estas cosas y más las encontraréis en este musical. 

Yo no conocía la historia, no he leído el libro de Víctor Hugo ni visto el musical previamente en el teatro. Tal vez por eso me ha impactado más. Pero, lo conozcáis o no, os recomiendo la película. Sin temor a ser exagerado, debería ser como La Pasión, una película para ver, al menos, una vez a la año.

Finalmente, si la veis o la habéis visto, os confieso lo que pensé en la última escena, en el convento: yo quiero morir así, sabiendo que en esta vida he hecho lo que Dios quería que hiciera, y deseando de corazón que me lleve junto a Él.


martes, 15 de enero de 2013

La vida, con Cristo

Hoy es mi Dies Natalis, es decir, mi cumpleaños, porque hasta que el Señor me llame, el día de mi nacimiento será aquel en el que Él quiso que yo viera la luz de este mundo para empezar mi camino de santificación, camino que demasiado a menudo descuido cuando no evito. 

Pensando ayer en esto caí en la cuenta de que, como padre, me preocupo por transmitir la fe a mis hijos, tratando de rezar con ellos por las noches, los domingos, hablarles del Señor, etc. Y tal vez me preocupe demasiado. ¿Es esto posible? Pues sí, porque aun siendo cosas muy buenas suelto tomarlas de manera aislada: ¿hemos rezado? ¿he hablado mal delante de ellos? ¿cómo se han portado en Misa? A menudo me preocupo porque descuido alguna de estas acciones, pero no me preocupo ni analizo mi vida de fe. ¿Vivo de forma cristiana o vivo como un pagano? Porque si rezo todas las noches con mis hijos, los domingos, les hablo del Señor, etc., pero luego al primer problema me ven cabrearme, criticar, murmurar, quejarme, insultar al primero que me hace alguna con el coche, lamentarme porque algo no va como me gustaría, etc. ¿Con qué se van a quedar? 

Todo esto me vino a la mente por una cosa que leí:
Un padre le dice a su hijo: "Ten cuidado por donde caminas". Y el hijo le responde: "Ten cuidado tú: recuerda que yo sigo tus pasos".
Por supuesto que nuestros hijos tendrán su propia vida de fe, su encuentro con el Señor, y hasta cierto punto no podemos considerarnos responsables de todo lo que hagan, para bien o para mal. Pero el trasfondo de este diálogo es claro. Si no vivo como un cristiano, de poco valdrá todo lo que le pueda decir a mis hijos. Rezar con ellos, hablarles de Dios, llevarles a Misa, etc., tiene que ser todo una consecuencia de mi vida de fe, no una careta. Para llevarles al Cielo, debo andar yo primero ese camino. Si no santifico mi vida, ellos aprenderán que no es importante.

"Los laicos pueden realizar su vocación en el mundo y alcanzar la santidad no solamente comprometiéndose activamente a favor de los pobres y los necesitados, sino también animando con espíritu cristiano la sociedad mediante el cumplimiento de sus deberes profesionales y con el testimonio de una vida familiar ejemplar. No pienso solo en los que ocupan puestos de primer plano en la vida de la sociedad, sino en todos los que saben transformar en oración su vida cotidiana, poniendo a Cristo en el centro de su actividad.
 Juan Pablo II
Este es mi deseo para el nuevo año de vida que Dios me concede, que me ayude a hacer de mi vida oración, de mi oración mi vida y que Él esté en el centro. Y lo mismo deseo para ti que me lees.
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