martes, 15 de enero de 2013

La vida, con Cristo

Hoy es mi Dies Natalis, es decir, mi cumpleaños, porque hasta que el Señor me llame, el día de mi nacimiento será aquel en el que Él quiso que yo viera la luz de este mundo para empezar mi camino de santificación, camino que demasiado a menudo descuido cuando no evito. 

Pensando ayer en esto caí en la cuenta de que, como padre, me preocupo por transmitir la fe a mis hijos, tratando de rezar con ellos por las noches, los domingos, hablarles del Señor, etc. Y tal vez me preocupe demasiado. ¿Es esto posible? Pues sí, porque aun siendo cosas muy buenas suelto tomarlas de manera aislada: ¿hemos rezado? ¿he hablado mal delante de ellos? ¿cómo se han portado en Misa? A menudo me preocupo porque descuido alguna de estas acciones, pero no me preocupo ni analizo mi vida de fe. ¿Vivo de forma cristiana o vivo como un pagano? Porque si rezo todas las noches con mis hijos, los domingos, les hablo del Señor, etc., pero luego al primer problema me ven cabrearme, criticar, murmurar, quejarme, insultar al primero que me hace alguna con el coche, lamentarme porque algo no va como me gustaría, etc. ¿Con qué se van a quedar? 

Todo esto me vino a la mente por una cosa que leí:
Un padre le dice a su hijo: "Ten cuidado por donde caminas". Y el hijo le responde: "Ten cuidado tú: recuerda que yo sigo tus pasos".
Por supuesto que nuestros hijos tendrán su propia vida de fe, su encuentro con el Señor, y hasta cierto punto no podemos considerarnos responsables de todo lo que hagan, para bien o para mal. Pero el trasfondo de este diálogo es claro. Si no vivo como un cristiano, de poco valdrá todo lo que le pueda decir a mis hijos. Rezar con ellos, hablarles de Dios, llevarles a Misa, etc., tiene que ser todo una consecuencia de mi vida de fe, no una careta. Para llevarles al Cielo, debo andar yo primero ese camino. Si no santifico mi vida, ellos aprenderán que no es importante.

"Los laicos pueden realizar su vocación en el mundo y alcanzar la santidad no solamente comprometiéndose activamente a favor de los pobres y los necesitados, sino también animando con espíritu cristiano la sociedad mediante el cumplimiento de sus deberes profesionales y con el testimonio de una vida familiar ejemplar. No pienso solo en los que ocupan puestos de primer plano en la vida de la sociedad, sino en todos los que saben transformar en oración su vida cotidiana, poniendo a Cristo en el centro de su actividad.
 Juan Pablo II
Este es mi deseo para el nuevo año de vida que Dios me concede, que me ayude a hacer de mi vida oración, de mi oración mi vida y que Él esté en el centro. Y lo mismo deseo para ti que me lees.

1 comentario:

  1. Muchas felicidades, David, que tengas un año lleno de amor de dios y buenos ejemplos para tus hijos.
    Tu lo has dicho en este estupemdo post, los hijos miran más lo que hacemos que lo que decimos, pero Dios ayuda mucho, todo lo que padres e hijos necesitamos.
    Un beso y felicidades.

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