sábado, 23 de marzo de 2013

El papa Francisco y la fe en el Hombre

Parece que, pasada la primera semana de pontificado, empiezan a apagarse los ecos de las primeras impresiones: por un lado están los más amantes de lo tradicional, a los que no les hizo gracia que SS Francisco no saliese al balcón con la muceta ni cantara la bendición Urbi et Orbi, o que no lleve zapatos rojos, o que dé la comunión en la mano a quien así lo quiere o que se deje abrazar como si fuese un viejo amigo. Por otra parte tenemos el otro extremo, que al conocer las actuaciones pasadas con los más necesitados del entonces cardenal Bergoglio o al oírle predicar ya como papa que quiere una Iglesia pobre, ya se han imaginado que el siguiente paso es la venta del Vaticano y sus "tesoros". Y en medio estamos los que relativizamos la importancia de los primero y respecto a lo segundo, sabemos que la pobreza no es únicamente (ni siquiera principalmente) material. Así lo ha dicho el mismo papa ante los diplomáticos acreditados en la Santa Sede.

Superado esto (o casi) toca empezar a escuchar al papa y a seguir lo que haga, pero no porque pensemos que detrás de cada palabra o cada gesto hay algo oculto o una intención consciente de cambiarlo todo. No. Yo creo que es más sencillo que esto. El papa simplemente está haciendo lo que cualquier cristiano debería hacer, y diciendo lo que necesitamos escuchar para avanzar hacia Cristo, porque, no lo olvidemos, su principal función es "confirmar a sus hermanos en la fe", apacentar las ovejas del Señor, es decir, llevarlas a los mejores pastos. En esas está.

Pensando estas cosas y escuchándole en los diversos actos, he caído en la cuenta de una cosa: el papa tiene fe en el Hombre, en el ser humano. Y no es una novedad. Los anteriores papas también la han tenido. Pero sólo ahora me he dado cuenta.

Pero, ¿no somos pecadores? ¿No hacemos "el mal que no queremos"? Así es. De hecho, en el s. XX hemos visto las consecuencias de vivir como si Dios no exisistiera: comunismo, nazismo, legalización del aborto, etc. Cualquiera de nosotros, sin Dios, es capaz de cualquier aberración. Pero, ¿debemos quedarnos ahí? La Iglesia, a través de los pontífices, no lo hace. Porque tiene por Señor a uno que sabía que, si el hombre se deja llevar por Dios, por su gracia, es capaz de lo mejor. De no ser así, ¿habría escogido como discípulos a pescadores, o a un publicano? ¿Habría dicho a quienes le seguían "sed perfectos, como vuestro padre del cielo es perfecto"? ¿Se habría preocupado por anunciar el Reino por todas partes, exponiéndose a burlas, insultos, ataques...? Es más, ¿habría dado su vida por todos nosotros si no estuviese seguro de que, con ese sacrificio, nos habría el camino hacia el cielo? ¿Se habría dejado escupir, azotar, insultar o crucificar si, como dicen los protestantes, la naturaleza del hombre está irremediablemente dañada? 

En Pascua celebramos esto precisamente: que Dios nos ama tanto, y tiene tanta fe en que el hombre, con su ayuda, puede "hacer obras mayores aún", que ha entregado a su Hijo único para que, muriendo y resucitando nos muestre el camino (el de la cruz) hacia el cielo, y después, en cada Eucaristía, recibiéndole, tengamos su naturaleza divina. Y si tenemos la naturaleza de Dios, ¿no seremos capaces de lo mejor?

Esto lo tiene clarísimo nuestro papa y lo tenían los anteriores. Por eso dijo que tenemos la tarea de "caminar, edificar y confesar" a Cristo crucificado. Por eso ha dicho que debemos cuidar la creación. Por eso tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI fueron tan osados como para "exigir" a los jóvenes una vida cristiana auténtica, es decir, una vida de santidad, cuando el mundo lo que les ofrece es una vida fácil, sin responsabilidades, sin pecado. 

Y esto no es simple teoría. La Iglesia no lo sabe "solo" por las Escrituras, que ya sería bastante. La Iglesia lo sabe por experiencia, porque su historia está llena de santos que han cambiado radicalmente de vida, llegando a hacer obras increíbles: san Francisco de Asís, san Ignacio de Loyola, san Francisco de Borja, san Agustín, san Juan de Dios y tantos otros.

Un año más, se acerca la "noche de las noches", cuando celebramos que Jesucristo a roto PARA SIEMPRE las cadenas que nos ataban al pecado. Con Él podemos vencer al demonio, rechazar el pecado, SER SANTOS. Por supuesto, la conversión debe ser diaria. No vale con que un día se nos llene el corazón, pensemos que queremos mucho al Señor, nos confesemos, etc., si esa actitud luego no continúa. Cada día debemos empezar la jornada pidiendo ayuda al Señor, porque sin Él no podemos. Pero, indudablemente, la Noche de Pascua es un momento especial donde Dios quiere colmarnos de gracias. Abramos nuestro corazón, vivamos con intensidad estos días, el Jueves Santo, el Viernes Santo. Preparémonos para ser liberados, igual que se preparó Israel para salir de Egipto. Dejémonos amar por Dios. Deseemos desear ser santos. No nos conformemos con migajas, con "estar a gustito". Si el Señor, eterno, infinitamente bueno, justo, santo, el creador del universo, nuestro Padre, confía en que podemos ser santos, ¿por qué no te lo crees?

jueves, 14 de marzo de 2013

Dios siempre sorprende

Será Scola, será Scherer, será Dolan, será O´Malley, será... Una vez más, la mayoría de los que "saben", de los llamados vaticanistas, han errado el tiro. Pero no lo han errado por no saber del Vaticano y sus entresijos. Han errado porque, al final, cada uno plasma en su lista de papables sus filias y fobias propias, su modo de ver la Iglesia y su idea de hacia dónde tiene que ir la Iglesia. Pero hay un problema: sólo hay Uno que sabe hacia dónde tiene que ir la Iglesia y que, por tanto, sabe qué cardenal es el idóneo. ¿Alguien se esperaba a Wojtyla? ¿Cuántos descartaron a Ratzinger? Muchos deseábamos que saliese este último, como finalmente sucedió, pero era más un deseo que otra cosa. Ahora, tras sesudos análisis hablando de la reforma de la Curia, el Vatileaks, los casos de abusos, la comunicación vaticana, etc., y después de que cada uno, en función de a qué le dieran más importancia, haya elaborado su lista de elegibles, va el Señor y nos regala a... Bergoglio. 

Esto nos enseña algo, al menos a mi. Cada uno de nosotros tiene su idea de dónde tiene que incidir más la Iglesia: la liturgia, la curia, la nueva evangelización, las relaciones con otras religiones, la unión de los cristianos, la ayuda a los más necesitados, la lucha por la cultura de la vida, etc. Todo ello son cuestiones importantes, muy importantes, pero creo que intentar saber qué cosas hará S.S. el papa Francisco, qué decisiones tomará, es aventurar demasiado y, sobre todo, es pretender conocer los planes de Dios. Ayer escuché algo interesante: que igual que Juan Pablo II fue decisivo en la caída del comunismo, Francisco puede serlo respecto al populismo imperante en latinoamérica. Podría ser. También que, siendo como ha sido un obispo sencillo, que viajaba en transporte público, vivía en un apartamento humilde en lugar del palacio arzobispal, etc., pues que acercará la Iglesia a los más desfavorecidos. Podría ser. Pero ahora pregunto: ¿alguien podía prever la caída del comunismo gracias a Juan Pablo II? Todavía más. ¿Algún vaticanista, cardenal, obispo, o lo que sea, pudo siquiera sospechar la que iba a liar (para bien) Juan XXIII?

No pongamos límites a la intervención de Dios. Este papa es un hombre de fe, se ve a la legua. Es sencillo, amable, comunicador, firme defensor de la fe, un hombre de oración. Un pastor. Lo único que me atrevo a aventurar, viendo los precedentes de los dos últimos siglos, es que será un gran papa para la Iglesia. Es más, creo que será un papa santo, como sus predecesores. Juan Pablo II nos invitó a no tener miedo y abrir las puertas a Cristo; Benedicto XVI dijo que era un humilde trabajador de la viña del Señor, y lo ha demostrado con creces. Francisco lo primero que ha hecho ha sido hacernos rezar. Buen comienzo.


lunes, 11 de marzo de 2013

Confirma a tus hermanos



Annuntio vobis gaudium magnum; Habemus Papam: Eminentissimum ac reverendissimum Dominum, Dominum ...

Estas son las palabras que estoy deseando oír, más que ver la fumata blanca. Tengo muchas ganas de saber quién va a ser el próximo obispo de Roma. Y no por curiosidad o por ver si es uno de mis preferidos, sino por conocer a quién tiene en mente el Señor para esta época de la Historia. Porque estamos viviendo un momento histórico, no lo olvidéis. Evidentemente, cada nueva elección de un papa es un momento histórico, por el peso específico que tienen en el mundo, pero ésta en concreto, a mi modo de ver, es más crítica. En el último siglo el mundo ha evolucionado muchísimo, con cambios vertiginosos sociales, políticos, científicos, etc. Hemos pasado de iluminarnos con velas a las luces LED, de comunicarnos por carta o, como mucho, por telégrafo, a los dispositivos móviles que ni hace 30 años la gente podía imaginar. Hemos pasado de luchar por la abolición de la esclavitud o por los derechos de la mujer a tener presidentes de naciones de raza negra o mujeres. En la Iglesia hemos pasado de tener papas "encerrados" en el Vaticano a papas que han visitado multitud de naciones. Pero también hemos pasado de la familia como base de la sociedad al divorcio express o los "matrimonios" homosexuales, de defender los derechos de los más débiles a llamar "derecho" al asesinato de los niños en el vientre de sus madres. Hemos vivido guerras brutales, las más sangrientas de la Historia, junto a los mayores avances sociales y científicos de la civilización. 

En este punto llega este Cónclave. Creo que no me equivoco si digo que está siendo la elección papal más seguida de la Historia de la Iglesia, porque aunque la de 2005 fue seguida, primero por lo que significó para la Humanidad Juan Pablo II, y segundo por ver quién sucedería a alguien de su talla, en ese momento no estaban tan extendidas las redes sociales, los blogs, las páginas de información católicas. Y además, el hecho de que esta vez no haya fallecido el papa ha hecho que la gente pueda estar más pendiente de la preparación del Cónclave. Un ejemplo de esta novedad es la web Adopta un cardenal, donde uno puede registrarse y recibir, aleatoriamente, el nombre de un cardenal para rezar especialmente por él. ¿Cuándo se ha hecho esto antes? Y esto nos muestra otra cosa: en contra de los que muchos dicen (o más bien desearian) la Iglesia está viva, y mucho. ¿Que hay cosas que mejorar? Sí. ¿Que la Iglesia tiene que seguir avanzando en algunas cosas? Por supuesto. Ahi tenemos la cuenta de Twitter del papa o los "brifiengs" del P. Lombardi después de cada Congregación de Cardenales. Siempre ha habido un déficit de comunicación que creo que, poco a poco, se está superando. La Iglesia no es una organización, es un organismo vivo, y como tal hay cosas que tienen que cambiar, pero muchas otras se están haciendo bien. Hay que ser críticos para mejorar, pero también hay que fijarse en los signos positivos, y creo que el seguimiento fiel de tantos cristianos estos días, demostrando el amor a la Iglesia y al papa que salga elegido, es una muestra de ello.

Pidamos por los cardenales, para que elijan por amor a la Iglesia, igual que Benedicto XVI renunció por amor a la Iglesia. Y pidamos por el nuevo papa, porque le espera una tarea titánica. Pero tiene de su parte a Cristo, por tanto tiene (tenemos) la victoria asegurada. En 2005 yo quería que saliera Ratzinger, más por su fidelidad a Juan Pablo II que por su capacidad (pensaba yo) en el gobierno de la Iglesia. De hecho, reconozco que pensé que sería un papa de "perfil bajo". No podía estar más equivocado, y se ha ganado su lugar en la Historia de la Iglesia sin que la sombra de Juan Pablo II le haya pesado. Estoy seguro que quien salga ahora será igualmente un magnífico papa, un santo como los anteriores, que nos confirme en la fe.

Yo, desde ya, le prometo mi fidelidad.
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