miércoles, 10 de abril de 2013

Tomás y la Divina Misericordia

Cada vez me gusta más fijarme (y darme cuenta) en lo cuidadosa que es la Iglesia en la organización del año litúrgico. Nada es por casualidad. No en vano la Iglesia es la "sucursal" del cielo en la tierra, y si para Dios nada es casual, tampoco debe serlo para su Iglesia. Y así sucede en el domingo de la Divina Misericordia, el primer domingo después de Pascua, en el que, como todos sabemos, se proclama el Evangelio en el que el apóstol santo Tomás afirma que si no ve y toca las llagas del Señor, no creerá que ha resucitado.

Y me pregunto yo: ¿qué tendrá que ver una cosa con la otra? Es cierto que el hecho de que este domingo se celebre el día de la Divina Misericordia se debe a que así se lo pidió Jesús a santa Faustina Kovalska, pero, ¿querría el Señor unir estos dos días sin que aparentemente hubiera nada en común? Está claro que no.

Sólo por el versículo del salmo responsorial ya quedaría clara la unión: "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia". Pero yo querría fijarme en la figura de Tomás, o, más bien, en el dúo Jesús-Tomás. Porque es ahí donde se manifiesta magníficamente la misericordia del Señor.

Jesús se presenta a los apóstoles, dándoles su paz y su Espíritu, pero Tomás no está con ellos. Si no estamos con la Iglesia, no veremos al Señor. Tal vez el apóstol, entristecido, vagaba por Jerusalén buscando algo que llenara el vacío que había quedado, como nosotros tantas veces buscamos saciarnos con cualquier cosa cuando parece que el Señor no está con nosotros, cuando no le vemos en lo que nos sucede. El Señor, ante la ausencia de Tomás, podría haber determinado, como habríamos hecho muchos de nosotros, que al no estar, él se lo había perdido. Pero, como afortunadamente el Señor no actúa como nosotros, tuvo el primer gesto de misericordia: volverse a aparecer a los apóstoles solamente para que Tomás le viera. Pero no contento con eso, hace algo que muestra hasta qué punto amaba Jesús a Tomás, igual que nos ama a nosotros: sin tener porqué hacerlo, el Señor acepta que el apóstol haga lo que pidió, tocar sus llagas. ¿Qué habríamos hecho nosotros en el lugar de Jesús? Te encuentras con un discípulo que ha estado tres años contigo, viendo tus milagros, cómo resucitabas muertos, que le han anunciado las mujeres y otros discípulos que te han visto vivo, y, aun así, no cree si no ve. ¿Qué haría yo, que me cabreo con mis hijos cuando a la tercera o cuarta ocasión que les digo algo no lo hacen?

El Señor nos ama profundamente. Ha hecho obras en nuestras vidas y en las vidas de personas que conocemos. Aun así, ante el sufrimiento, dudamos. ¿Estará ahí el Señor? Es más, incluso a veces llegamos a negar que esté ahí, por mucho que haya personas (familiares, hermanos en la fe, sacerdotes) que nos digan que le han visto en su vida y nos cuenten dónde. Somos tan incrédulos como Tomás, tan débiles como Pedro y los demás apóstoles que le abandonaron. ¡¡Pero ahí está la misericordia de Dios!! ¡¡Ahí está la grandeza de la Iglesia!! El Señor cuenta con gente como nosotros, nos ha elegido, desde el papa Francisco hasta el último que ha sido bautizado. Los 2000 años que lleva la Iglesia en pié son una manifestación impresionante de la Divina Misericordia. ¿Cómo si no se explicaría que algo comenzado por pescadores, un publicano y alguno más se extendiese por todo el Imperio Romano, superase persecuciones terribles, la caída de ese mismo imperio, auges y hundimientos de multitud de reinos, grandes pecados de muchos de sus más importantes miembros, tibieza en la fe, cismas, etc.? 

El Señor se ha fijado en ti, ha puesto su mirada misericordiosa en tus ojos y te dice, como a Tomás, "toca mis llagas, y no seas incrédulo sino creyente". Jesucristo, como con Tomás, hará lo que haga falta para encontrarse contigo. Ahora sólo falta que tu respuesta sea la misma que le dio el apóstol. ¿Será así? Si respondes como Tomás, serás santo. El Señor se encargará. ¿No ves que ha muerto y resucitado por ti?

2 comentarios:

  1. La Divina Misericordia es simplemente que te aguanten a ti dentro de la Iglesia y no te hayan echado ya hace tiempo :P Ánimo!!

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  2. Veo que has pillado la esencia del artículo. ;-)

    Gracias por leer y comentar, brother.

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