martes, 5 de noviembre de 2013

Ese instante

Como no somos Dios, aunque muchas veces nos comportamos como si lo fuéramos, vivimos sometidos al tiempo, y para tenerlo un poco controlado los tenemos organizado por unidades: años, meses, días, horas, minutos, segundos... Esto está estandarizado así, pero a nivel subjetivo no se puede concretar tan fácilmente. Podríamos hablar de temporadas, ratos, momentos, instantes, depende de su duración, intensidad, etc. Estos últimos son los parámetros con los que mejor podríamos "organizar" nuestra vida de fe: "llevo una temporada en crisis", "este rato de oración me ha ayudado", "me ha llegado especialmente tal momento de la celebración", etc. Y, normalmente, es así como el Señor se acerca a nosotros. Al menos en mi caso, el Señor no toca mi corazón durante 36 segundos o 4 minutos, sino durante un instante, durante "ese instante" en el que tienes conciencia de estar unido a Dios en la Comunión, "ese instante" en el que sientes el amor de Dios en una lectura o una homilía o, lo que para un pecador como yo es esencial, "ese instante" en el que el Señor te mueve a conversión, "ese instante" ante el que sólo cabe decir Sí, porque si lo dejamos pasar es fácil que lleguemos a esa "temporada en crisis", a alejarnos "instante a instante" del Señor y damos cancha al demonio para que multiplique sus "instantes". Digamos que sí al Señor si lo que queremos es ser santos, de lo contrario solo conseguiremos más pecado, tristeza, apatía, y cada vez será más duro y difícil morir al otro. Os lo aseguro. Este sí fue el que dio Mateo al levantarse de la mesa de impuestos cuando Jesús le dijo "sígueme", fue el sí de Zaqueo cuando Jesús le dijo "baja pronto, conviene que hoy me quede yo en tu casa", fue el sí de Pedro cuando Cristo le dijo "¿me amas?". Ese instante cambió sus vidas, como puede hacer con la tuya.

Me gustaría acabar con un poema de Lope de Vega, que plasma con hermosa sencillez este instante en el que Dios se te acerca y con amor y paciencia espera tu respuesta. ¿Qué va a ser tu respuesta?


¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!



5 comentarios:

  1. Muy buen post, me ha encantado, me has regalado un momento de paz e instantes de meditación. Muchas gracias por el "tiempo" dedicado. Un abrazo

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    1. Un placer releante. Si te ha ayudado, aunque sea un poco, me doy por satisfecho y doy gracias a Dios. Encantado de tenerte por aquí.

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  2. Me has llenado de alegria David!....Es un Instante, un parpadear de ojos...realmente es Eso!...y el maligno que lo sabe te distrae constantemente y me saca del Tiempo de Dios..que no es mas que un Instante lleno de Eternidad. Gracias, porque Hoy estaré atenta a su Voz para no perder de vista ese Momento que sé que me Mira para entrar en su Voluntad!

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    1. Hola de nuevo Gosspi, y de nuevo gracias por comentar. Tus comentarios siempre enriquecen más mis artículos, se agradece. Gracias por seguir ahí.

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  3. La lectura de tu entrada me ha recordado la lectura teológica que sobre el concepto 'tiempo' ofrecen los Praenotanda de la Liturgia de las Horas, de lectura más que recomendable.

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