miércoles, 20 de noviembre de 2013

Oración y formación

El otro día escuchaba en Radio María a un sacerdote hablando de la oración. Concretamente comentaba cómo cada vez hay más personas que se dicen católicas, que incluso van a Misa cada domingo, pero para las que la oración diaria es algo extraño, ajeno y propio de monjes y monjas. Y estoy seguro de que en la mayoría de los casos es porque nadie les ha enseñado a orar; a cuánta gente no le habrán enseñado que ser católico es cumplir una serie de preceptos y ya está. Y claro está, la oración no entra dentro de esos cumplimientos, porque la oración no es un cumplir, es un estar, estar con el Señor. Como esa historia que cuentan del cura de Ars, que veía todos los días a un campesino que entraba en la Iglesia, se sentaba, y tras estar un rato así, se iba. Un día, cuando el campesino se iba, le paró y le preguntó que qué hacía, ya que aparentemente no rezaba, ni leía nada, ni llevaba un rosario. El campesino le dijo: "yo vengo todos los días a ver a ese Cristo de ahí, y no sé qué decirle, simplemente yo le miro y él me mira." Eso es la oración, mirar a Dios, estar con él. Y eso no puede hacerse por cumplir. Es una necesidad del cristiano. Como le gusta decir a mi párroco, un cristiano que no reza es como un pájaro que no sabe volar o un pez que no sabe nadar. No "debemos" rezar, no "tenemos" que rezar. Necesitamos rezar. Ciertamente, como decía santo Tomás de Aquino, un hombre puede, por sus solas fuerzas, realizar actos de bondad, pero hasta un punto. No se puede ser cristiano sin orar, porque seguir a Cristo en el mundo significa renunciar a muchas cosas, significa sacrificarse por los demás, ponerse el último, renunciar a uno mismo por amor al otro. Y eso, en nuestras fuerzas, es imposible. O, como dice uno de los mensajes de Twitter del papa Francisco: "La lucha contra el mal es ardua y prolongada; es necesario rezar constantemente y con paciencia."

San Agustín

Y me atrevería a decir otra cosa, que tal vez no convenza a todos. Para ser cristianos hoy, en esta sociedad, también necesitamos formación. Necesitamos conocer a la Iglesia, su historia, sus oscuridades y sus luces. Necesitamos saber qué dice el papa, pero no a través de los medios de comunicación habituales, sino directamente en los medios del vaticano o en medios católicos "sanos". Necesitamos saber qué piensa la Iglesia del aborto, la eutanasia, la homosexualidad, el matrimonio, el sexo, y para esto está el Catecismo. Necesitamos ser inteligentes y, cuando veamos alguna noticia del tipo "el papa a dicho que..." o "tal obispo a dicho que...", y esas declaraciones sean contrarias a la doctrina o a lo que habitualmente dice la Iglesia, busquemos en esos medios que he comentado antes, a ver si es realmente así o esas palabras han sido manipuladas o sacadas de contexto. No creamos todo porque lo dice la tele. Seamos críticos. Como dice san Pablo, "examinadlo todo y quedaos con lo bueno". En la sociedad de Internet, de la información (a menudo desinformación), de las redes sociales, tenemos que ser cristianos preparados, lo necesitamos, porque cualquiera tiene acceso a leyendas negras de la Iglesia, a informaciones falsas, a manipulaciones de lo que dice el papa o cualquier obispo, y habrá gente que nos pregunte por estas cosas, que nos diga que la Iglesia, nuestra madre, no tiene nada de santa, que incluso la insulte, y necesitamos tener argumentos para defenderla. ¿O acaso si alguien insultara o difamara a nuestra madre no la defenderíamos? Pues la Iglesia es nuestra madre, en ella recibimos la fe, los sacramentos, el amor de Dios, a Dios mismo cada domingo. Necesitamos amar a la Iglesia, y para amarla, hay que conocerla.


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