lunes, 11 de noviembre de 2013

¿Para quién vivimos?

Ayer me llegó a través de Facebook una frase de la Imitación de Cristo que me hizo pensar. Es esta: "No eres más porque te alaben, ni menos porque te critiquen; lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más." Caí en la cuenta de la cantidad de veces en que actuamos como si dependiera de la opinión de los demás quién somos. A menudo nos comportamos, hablamos e incluso vestimos en función de los demás, ya sea en casa, en el trabajo, con los amigos o incluso en la Iglesia. Este último caso es especialmente claro en los que tenemos o hemos tenido algún tipo de responsabilidad: cantar, leer, pasar la colecta, etc. ¿Cuántas veces hemos hecho estas cosas pensando en qué estaría pasando por la cabeza de los demás? Si les gustaría como lo hacemos, si les molestaría algo que podamos decir, etc. En definitiva, que cumplimos mucho menos de lo que deberíamos aquello de san Pablo: "Si vivimos, vivimos para el Señor"

A cuento de esto me viene a la memoria una breve historia que oí hace tiempo. Hablaba de un cantero que allá por la edad media se encontraba trabajando en la construcción de una catedral, y estaba esculpiendo una figura en piedra. Ponía todo cuidado y no escatimaba esfuerzos para hacerla lo más perfecta posible. Viéndolo un compañero, le preguntó: "¿por qué te esfuerzas tanto para hacer una figura tan perfecta? Total, esa va a ir en el tejado y nadie podrá verla desde abajo." A lo que el cantero contestó: "la va a ver Dios." Esa debería ser nuestra actitud, hacerlo todo para Dios, para lo cual es imprescindible la oración, ponernos cada mañana en su presencia, pero también que nuestra vida sea oración. En nuestro trabajo, en nuestra casa, con nuestra familia, en la Iglesia, en el parque, conduciendo... en todo actuemos sabiendo que Dios nos mira, pero no por miedo, sino más bien como el hijo que sabe que su padre le observa, y quiere que se sienta orgulloso de él. Es decir, hagamos lo que hagamos, que sea por amor a Dios. De este modo haremos todo por amor a los demás, sin importarnos lo que piensen. Esto se llama santidad.

Os dejo otra poesía que lo explica a la perfección, esta vez de santa Teresa de Jesús:

Vuestra soy, para Vos nací,
¿Qué mandáis hacer de mí?


Soberana Majestad,
Eterna sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, alteza, un ser, bondad,
La gran vileza mirad,
Que hoy os canta amor así.
¿Qué mandáis hacer de mí?


Vuestra soy, pues me criastes,
Vuestra, pues me redimistes,
Vuestra, pues que me sufristes,
Vuestra, pues que me llamastes,
Vuestra, porque me esperastes,
Vuestra, pues no me perdí.
¿Qué mandáis hacer de mí?


¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
Que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
A este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce Amor,
Amor dulce, veisme aquí,
¿Qué mandáis hacer de mí?


Veis aquí mi corazón,
Yo le pongo en vuestra palma,
Mi cuerpo, mi vida y alma,
Mis entrañas y afición;
Dulce Esposo y redención
Pues por vuestra me ofrecí.
¿Qué mandáis hacer de mí?


Dadme muerte, dadme vida:
Dad salud o enfermedad,
Honra o deshonra me dad,
Dadme guerra o paz crecida,
Flaqueza o fuerza cumplida,
Que a todo digo que sí.
¿Qué queréis hacer de mí?


Dadme riqueza o pobreza,
Dad consuelo o desconsuelo,
Dadme alegría o tristeza,
Dadme infierno, o dadme cielo,
Vida dulce, sol sin velo,
Pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Si queréis, dadme oración,
Sí no, dadme sequedad,
Si abundancia y devoción,
Y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
Sólo hallo paz aquí,
¿Qué mandáis hacer de mí?


Dadme, pues, sabiduría,
O por amor, ignorancia,
Dadme años de abundancia,
O de hambre y carestía;
Dad tiniebla o claro día
Revolvedme aquí o allí
¿Qué mandáis hacer de mí?


Si queréis que esté holgando,
Quiero por amor holgar.
Si me mandáis trabajar,
Morir quiero trabajando.
Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?
Decid, dulce Amor, decid.
¿Qué mandáis hacer de mí?


Dadme Calvario o Tabor,
Desierto o tierra abundosa,
Sea Job en el dolor,
O Juan que al pecho reposa;
Sea' viña frutuosa
O estéril, si cumple así.
¿Qué mandáis hacer de mí?


Sea Josef puesto en cadenas,
O de Egito Adelantado,
O David sufriendo penas,
O ya David encumbrado,
Sea Jonás anegado,
O libertado de allí,
¿Qué mandáis hacer de mí?


Esté callando o hablando,
Haga fruto o no le haga,
Muéstreme la Ley mi llaga,
Goce de Evangelio blando;
Esté penando o gozando,
Sólo Vos en mí viví,
¿Qué mandáis hacer de mí?


Vuestra soy, para Vos nací
¿Qué mandáis hacer de mí?

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