miércoles, 19 de marzo de 2014

¿Para qué educamos?

Hoy celebramos a san José, patrón de la Iglesia universal y de los seminarios, y modelo de los padres de familia. Y, por supuesto, padre adoptivo de Jesús. Pero, ¿fue un buen padre? Su hijo estuvo en casa hasta los 30 años, cuando lo normal era que se casaran y formaran familia mucho antes; abandonó a su madre, viuda, para irse a recorrer a Israel con los amigos; se dedicó a soliviantar a las autoridades hasta que éstas acabaron matándole en una cruz, como a un malhechor cualquiera. Pareciera que san José no educó muy bien a su hijo, ¿no? 

Pero, ¿para qué educamos a nuestros hijos? ¿Qué misión tenemos respecto a ellos? ¿Que sean buenas personas? ¿Que tengan éxito? ¿Que sean hombres y mujeres de provecho? Todo esto está muy bien, pero la misión que tenemos con nuestros hijos es otra, muy sencilla (que no fácil): enseñarles el camino del Cielo. Nuestra meta tiene que ser que ellos conozcan a Jesucristo y le sigan. Y con esto viene lo demás, porque seguir a Cristo implica buscar la bondad, tratar de ser los mejores en lo que hacemos, no por competitividad, sino porque, por amor a Él, intentaremos hacer de la mejor manera aquello que su Voluntad nos encomienda, ya sea estudio, trabajo, apostolado... y aunque nuestros esfuerzos puedan carecer de éxito. Seguir a Cristo implica entrar en el sufrimiento y santificarlo, no huir de él a toda costa, por lo que a veces habrá que dejar que nuestros hijos caigan. 

En resumen, ¿realmente creemos que lo mejor para nuestros hijos es seguir el camino de Dios? ¿Que sin importar si viven mucho o poco, si tienen éxito en la vida o no, si viven cerca o se van lejos, lo importante es que vivan como hijos de Dios? San José así lo creía y así lo vivió. Y él es nuestro modelo.


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