jueves, 26 de febrero de 2015

Hijos de Dios, no animales

Una de las cosas que siempre me reprocho en mi vida cristiana es que, demasiado a menudo, vivo como un pagano, apenas teniendo presente a Dios. Hoy he caído en la cuenta de que no es así*. Es peor. Casi siempre vivo como un simple animal. Un animal come porque es lo que tiene que hacer cuando tiene hambre, duerme porque es lo que le toca en un momento dado, hiberna si tiene que hacerlo, emigra dependiendo de su especie, etc. No razona, no busca porqués, no reflexiona sobre sí mismo. Es un animal. Pues esa es mi actitud diaria muchas veces: bajo la basura porque toca, como porque tengo hambre, trabajo porque es lo que hay que hacer, cambio pañales en el momento que se necesita, ayudo a mi hijo mayor con los deberes cuando lo necesita... Sin ir más allá, sin reflexiones, sin planteamientos, como un animal. Quizá por eso a veces paso temporadas sin escribir aquí. Los animales no escriben blogs.

Pues en esta situación llega la Cuaresma, tiempo de conversión. Pero no puede convertirse quien no reflexiona sobre su vida, por qué hace lo que hace, sea el bien o el mal. Siempre había tenido la idea de que la Providencia solo estaba ahí para ayudar cuando hacía falta, o para que no faltase lo necesario. En cierto modo es así, pero con un importante matiz que escuché hace poco en la radio: la Providencia se encarga de que no nos falte lo necesario...para nuestra santificación. O lo que es lo mismo, dicho en palabras de San Pablo: "En todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Rm 8, 28). Y por tanto, mi camino hacia la santidad depende de cómo afronte lo que Dios pone en mi camino: la actitud con la que baje la basura, coma, trabaje, cambie pañales o ayude a mi hijo. ¿Lo hago como un animal? ¿Lo hago por amor, con resignación, con apatía, con alegría, por obligación? La Cuaresma no es solo lamentarse por los pecados, confesarlos y ya está. Eso no es la conversión. Convertirse implica un cambio de vida, corregir todo lo que hacemos mal (pecado) o quizá no muy bien (siempre hay que aspirar a la perfección: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" Mt 5, 48). Esa es la finalidad de la ceniza, los ayunos, las limosnas o la oración constante. Busquemos vivir como hijos de Dios y no como animales.

*: Este darme cuenta no se ha producido en un instante cualquiera, porque sí. Ha sido durante las laudes, en un momento de oración silenciosa. ¡Qué importante es la oración y cuántas veces la dejo de lado!


2 comentarios:

  1. Esto lo descubrí yo despues de una crisis muy dura y fuerte...toda una Gracia.
    Si no hago las cosas en el Amor...de nada sirve lo que haga..de nada!!
    Asi que Bendito seas David que lo has visto....sobre todo lo veo ahora en mi debilidad...cuanto más debil me veo mas fuerte en mi actúa El....es asombroso!! Unidos en la oracion..y hacia la Pascua!!

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